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ÍNDICE
Enseñanza 1: Doctrina de Cafh
Enseñanza 2: Vida en Oración
Enseñanza 3: La Imagen de la Divina Madre (12/12/1953)
Enseñanza 4: Adoración al Comienzo de un Retiro (21/01/1954)
Enseñanza 5: La Devoción a Nuestra Divina Madre (5/10/1955)
Enseñanza 6: El Maestro te Llama (10/12/1955)
Enseñanza 7: Parábola de la Samaritana (17/12/1955)
Enseñanza 8: Las Bodas de Canaán (2/01/1956)
Enseñanza 9: Parábola del Maestro donde manda a su Servidor para que invite a sus Amigos a un Banquete que Él dará esa Noche (14/01/1956)
Enseñanza 10: Parábola de los Discípulos que iban Camino de Emaus (21/01/1956)
Enseñanza 11: Educación de los Niños (14/03/1956)
Enseñanza 12: Acerca del Consuelo y la Aridez en la Oración (11/03/1956)
Enseñanza 13: Hacer el Bien a los Niños (17/03/1956)
Enseñanza 14: Sobre la Vanidad (24/03/1956)
Enseñanza 15: Palabras del Caballero Gran Maestre en la Ceremonia de Votos Solemnes de la Señorita María Esther (12/05/1956)
Enseñanza 16: Recogimiento y Reserva de Energías (19/05/1956)
Enseñanza 17: Somos una Reunión de Almas (9/06/1956)
Enseñanza 18: Éste es el Reglamento de Cafh (11/08/1956)
Enseñanza 19: Los Bienes de Cafh serán Intrínsecos (11/08/1956)
Enseñanza 20: Un Programa Social de Renunciamiento (15/09/1956)
Enseñanza 21: Las Virtudes Interiores (22/09/1956)
Enseñanza 22: La Dirección Espiritual Entendida por el Caballero Gran Maestre (6/10/1956)
Enseñanza 23: Trato dado a los Niños en el Colegio (17/12/1956)
Enseñanza 24: Las Vocaciones de Comunidad (18/12/1956)
Enseñanza 25: La Observancia (19/12/1956)
Enseñanza 26: Sobre la Meditación (20/12/1956)
Enseñanza 27: Los Superiores (21/12/1956)
Enseñanza 28: Conceptos de Cafh sobre Nuestra Vida de Obreros (22/12/1956)
Enseñanza 29: Santa Francisca Romana (23/12/1956)
Enseñanza 30: La Puerta Santa (30/03/1957)
Enseñanza 31: Amar a la Divina Madre (6/04/1957)
Enseñanza 32: Sobre el Misterio de la Divina Encarnación (13/04/1957)
Enseñanza 33: Como Hacer la Adoración por las Almas Desencarnadas (29/06/1957)
Enseñanza 34: La Casa se Mantiene sin Sostén (6/07/1957)
Enseñanza 35: Votos Temporarios (Septiembre 1957)
Enseñanza 36: Votos Solemnes de la Señorita Malka (3/10/1957)
Enseñanza 37: Votos Perpetuos (11/02/1958)
Enseñanza 38: Presentación del Caballero Delegado de las Tablas Argentinas (23/05/1958)
Enseñanza 39: Adoración por las Vocaciones (28/11/1958)
Enseñanza 40: Recomendaciones sobre Educación (29/11/1958)
Enseñanza 41: El Examen Retrospectivo (25/04/1959)
Enseñanza 42: Nuestra Vida de Holocausto (10/01/1060)
Enseñanza 43: Ceremonia de Votos Solemnes (30/01/1960)
Enseñanza 44: El Corazón de la Divina Madre (6/02/1960)
Enseñanza 45: Ofrenda de Vida (13/02/1960)
Enseñanza 46: El Cuerpo Místico de la Comunidad (26/06/1960)
Enseñanza 1: Doctrina de Cafh
Estuve haciendo estadísticas y se puede decir que todas las religiones tienen más o menos el mismo número de fieles. ¿Cuál es universal, cuál abarca a toda la Humanidad? Ninguna.
Pero si la Providencia ha dispuesto que se adapten según el país, carácter de las personas que lo habitan, clima, si ha permitido que se desarrollaran, quiere decir que estas religiones son mensajeras de la Revelación, que tienen una tradición que se remonta al origen primordial de nuestra raza.
Y si estudiamos profundamente los dogmas y doctrinas de las religiones vemos que concuerdan, que tienen una base fundamental y que las divergencias que existen son siempre los misterios que no se pueden solucionar. ¿Quién ha podido solucionar el misterio de si prima la gracia o el libre albedrío? ¿Si Dios creó el mundo de la nada o lo hizo emanar de sí? ¿Quién puede sabe esto? Ningún ser humano.
Todas las religiones derivan de la verdadera religión universal que es la que dirige nuestra raza desde los principios.
La tradición y la revelación de las religiones son verdaderamente las ideas que le fueron dadas por los Divinos Instructores de la Raza, ha sido la Revelación verdadera que le fue transmitida y la imagen de la Idea Madre, la labor que tenía que desarrollar el ser sobre la tierra y cuáles eran los medios sobrenaturales a su alcance para desarrollarla.
El Hijo de Cafh ha de tener ideas bien definidas. La creencia del Hijo en Dios ha de ser algo fundamental.
Hablo de la creencia de Dios en un sentido trascendente, porque, desde luego, que si dos personas se ponen a un nivel de discusión, y uno dice: “Dios es el todo”, y el otro dice: “Dios es el que creó todas las cosas”, el que cree en un Dios creador, esa es una idea, una ideología. Otros tienen otras ideas y así sucesivamente; pero no vamos al caso.
La verdad de Dios es el conocimiento fundamental, ese conocimiento seguro que existe en el alma de que hay un principio fundamental del Universo. Ahora si este principio fundamental del Universo ha emanado todo de sí mismo, todo el Universo es emanación del mismo. Entonces se puede decir que Dios creó de la nada todas las cosas, porque en sí Dios no tenía más que sustancia y de esa sustancia creó todas las cosas.
Los que creen en un Dios creador dicen que Dios creó de su esencia o de su pensamiento. Todo es lo mismo.
Lo importante es creer en ese Dios trascendente y real, en la existencia de un principio cósmico invisible del cual proceden todas las cosas. Esa es la base fundamental.
Que un Hijo crea que Dios tiene un aspecto o que Dios tiene otro aspecto, o que no tiene aspecto, eso es una cosa que cada uno puede tomar según su inclinación y según la educación que ha recibido; pero la base fundamental permanece intacta.
El hombre ha de reconocer que como ha sido puesto sobre la tierra frente a la Humanidad y frente al Cosmos, con su razón, con su capacidad emocional y comprensiva, no puede abarcar los misterios de Dios en su totalidad y entonces siempre queda ante él el misterio de la gracia y del libre albedrío.
Su mente puede alcanzar hasta un punto con el libre albedrío, pero hay cosas que es imposible que él capte, y si lo hace es a través de un estado súper consciente, la gracia.
Una creencia inmutable, fundamental, es que ningún hombre ha visto a Dios ni ha podido comprender la inmensidad de Dios.
Si ninguno puede comprender esto, entonces, hasta cierto punto, es necesario el auxilio del que ya conoce, de quien ha escalado el Sendero o viene de otro plano que conoce la verdad. Es el misterio del ser divino que viene hacia nosotros. Todas las religiones creen en un ser divino, en una reencarnación, en un Hijo de Dios.
Ésta es una creencia fundamental. El hombre abarca hasta un cierto punto, pero después necesita la ayuda; logra un punto, vuelve a hacer otro pedacito de su sendero espiritual y de su ascensión, solo.
La creencia fundamental e indispensable es la trascendencia divina hasta más allá de todas las cosas. Existen en el mundo las fuerzas del bien y del mal que desparecen cuando el ser ha alcanzado un estado de superación. En el mundo tiene que luchar con el bien y con el mal.
Algunas religiones han separado el bien y el mal con un corte: la materia es lo malo y el espíritu es lo bueno.
Ese punto de vista se esfuma por sí solo. Reconoce que el bien es la presencia del ser divino en el ser y el mal es su ausencia de nuestra alma.
Cuando se tienen estas verdades fundamentales en las manos es cuando entonces se ve la grandeza de Dios, la pequeñez del ser humano y los medios para alcanzarla.
La vida nuestra, que se distingue de la vida del mundo, nos enseña que el hombre alcanza la liberación a través del Sendero, no a través del sendero dogmático, revelación impuesta, unidad arbitraria, sino a través del esfuerzo místico que lleva al alma a su liberación.
Éste es el nexo de Cafh.
Cafh es un sendero místico y trasciende los cuadros dogmáticos establecidos para realizar a Dios a través de la mística de la Renuncia.
No desconoce el valor de los dogmas, de la Revelación de la Unidad, pero reconoce que sin el esfuerzo místico nadie podrá llegar a una liberación.
Cafh tiene una doctrina universal, quiere decir la que está en todas las religiones; y tiene la doctrina de su experiencia, de sus Hijos.
Muchos confunden una doctrina con otra. Por ejemplo: en ninguna Enseñanza se impone creencias fuera de la creencia de la Divina Encarnación, del Camino Místico de la Renuncia. Después no impone creencias. Yo defiendo la reencarnación, pero en la Enseñanza de Cafh no hay ninguna que refiera y asevere que esa es la Verdad.
Las doctrinas dicen que esto es justo o dicen lo otro, pero Cafh no se define, no se impone una creencia; el alma es libre; hasta que uno no tiene una prueba divina no puede asegurar la verdad.
La reencarnación debe ser cierta, sino no habría nada que probara el Plan Divino. Pero cuándo se efectúa eso no se puede dilucidar. No hay seguridad de que los seres vienen una sola vez y Cafh no lo afirma. Ningún ser ha venido a afirmar que no existe el regreso del alma a la tierra.
Es necesario que ustedes sepan distinguir la doctrina de Cafh de las doctrinas de otros senderos.
La doctrina inmutable de Cafh se asienta sobre la mística, o sea sobre el esfuerzo del alma para su realización interior.
Es bueno que se lean libros; pero algunos leen libros y afirman lo que el libro dice, quieren hacerse todo un concepto de esa idea sin rechazar o refutar. No sólo eso, sino que cambian nuestros principios porque esa doctrina que ellos exponen no está escrita en los principios fundamentales de Cafh.
Cuántas veces han venido personas y me han dicho: un alma mala puede perderse como alma; eso lo dice la señora Blavatzky. Yo la respeto, pero no creo en eso; jamás creeré que un alma pueda perderse como alma.
También hay otros que afirman que el alma humana en sí no es una participación completa de Dios; quiere decir que el espíritu es indivisible, pero que el alma es algo completamente separado, ilusorio. Cafh no cree eso; Cafh cree que el alma humana es parte del espíritu divino.
Es bueno que tengan conceptos claros y fundamentales de su doctrina, porque no se puede admitir que un Hijo pertenezca a Cafh y no posea las nociones fundamentales de su doctrina. A los del mundo hay que orientarlos.
La doctrina es muy importante, hay que atesorarla en el corazón, meditarla mucho, que sea el tema de las meditaciones, amarla intensamente y hemos de reconocerla como la única que nos puede dar la salvación.
Si reconocemos que ninguna religión es universal hemos de creer que todas, cuando llegan al punto más alto y sublime, son verdaderas. Son esenciales cuando forman almas grandes, quiere decir, cuando desarrollan una mística y la mística es la única y verdadera realización de Dios sobre la tierra.
Ninguna religión nos puede salvar si la realización no viene a través de la mística, que es ayudada por los protectores, por la Santa Madre y por la inmensidad del Principio Cósmico que nos asiste.
Para desarrollar ese concepto les recomiendo que lean buenos libros para que ustedes puedan dilucidar la verdad.
Uno, a veces, se aburre con los libros; hay tantas cosas; pero, por ahí, encuentra la luz de la mística, de la verdad, y basta una frase para darnos la satisfacción de haber leído todo un libro que nos parecía inútil, que no estaba de acuerdo con nuestra forma de pensar.
Muchos esperan la nueva religión. Si así fuera, ésta no sería más que una nueva religión que vendría a sumarse a las otras. La verdadera religión es la sublimación de las religiones, la realización de las almas privilegiadas de todos los sectores del mundo. La verdadera tradición que han alcanzado todos los grandes místicos que lograron la realización.
Lo importante es no encerrarse en un cuadro ideológico y doctrinario; así la mística de la Renunciación nos dará la perfecta liberación.
Enseñanza 2: Vida en Oración
Verdaderamente, han de ser ustedes muy dichosas de poder orar en este lugar que es privilegiado.
La esencia de la vida de Ordenación es la oración; y si bien la vida del ordenado es una oración continuada, porque aún cuando duerme sigue orando a través de sus sueños y buenos deseos, el lugar de oración propiamente dicho es de un valor inestimable y total. ¿Cuánto hace que tenemos nuestra capilla aquí y ya esta perfectamente magnetizada?
La Divina Madre ha recibido el homenaje de sus Hijos y desde acá irradia sobre el mundo; es otra casa de oración que irradia sobre las almas.
Ustedes bien saben que los seres del mundo, cuando todo les va bien, cuando tienen la solución de todo y todo es felicidad en la vida, no se acuerdan a veces del lugar de oración; pero cuando tienen una pena, cuando están afligidos, ¿adónde van? A la iglesia, al templo, a un lugar de oración; y nosotros los Ordenados en nuestras casas tenemos un lugar dedicado a la meditación, a la oración para que las almas que no están presentes reciban consuelo, alivio, fortaleza en sus necesidades.
La oración, además, para nosotros es todo. Digo la oración sencilla, no las grandes oraciones, estados interiores, sino la sencilla oración de pedir, de mirar a nuestra Divina Madre, aunque sea una imagen, nada más que una imagen, y decirle todo el sentir de nuestra alma, necesidades, afanes, alegrías, sinsabores, nuestro bien y nuestro pequeño mal. Pedir siempre es para el alma un consuelo y fondo de paz inagotable.
Recuerden lo que dice Santa Teresa: “La oración de las almas consagradas es como la lluvia del cielo, pero a veces esa lluvia no es mandada por Dios y entonces el alma tiene que sacar agua del pozo”.
Vuelvan las almas consagradas a la oración sencilla, de corazón a corazón. Sobre todo ahora que para esta Comunidad viene la época del recogimiento en que pasa el trabajo fuerte, pueden dedicarse más a la estricta Observancia y a la Oración, este año más que nunca.
Es bueno empezar por esta oración hablada, de viva voz. Y es la oración que se hace acá en la capilla.
Ahora recuerdo algo. Espero que ahora que no tienen preocupaciones, que no las vea cabecear de noche, estimadas Hijas. Miren que ustedes parecen esos pajaritos sobre el árbol, que están derechitos y que por ahí se les cae la cabecita.
El Caballero Gran Maestre dijo que en el asunto de las roturas había sido engañado y que eso era lo que más le dolía, que no era tanto el valor de las cosas como el de las palabras. Agregó: Hijas, sean exactas en sus palabras: “Está hecho o no esta hecho. Sí o no.”
Aquí el Caballero Gran Maestre dio a las Señoritas algunas instrucciones para los meses de vacaciones y agregó que desearía que aprovecharan estos meses de paz. Se ve en ustedes que la Divina Madre mora en el corazón de ustedes; pero digo yo de ese otro contacto con la Divina Madre, vivo, que se logra con la oración, recitando oraciones vocalizadas. Hay que recitar muchos salmos para, en una palabra, hacer como si la Divina Madre nos llamara de vacaciones y nos dijera: “Vengan, Hijas”. Ella atiende, les alcanza las cosas, y ustedes le hablan a su buena Madre.
En realidad, Ella es la síntesis de la maternidad, es la corona de divinidad, la fuerza de la fe, esperanza de los que van a venir, ejemplo de nuestra vida consagrada de Ordenación; vamos a escondernos en sus brazos.
Es bueno que, como nuestra vida es rígida, tengamos un poco de expansión y sentimientos con Ella, tengamos mimos, nos estrechemos contra su Celeste Corazón.
Ella está deseosa de estar a solas con nosotros; continuamente vigila nuestros actos, inspira nuestras palabras y dirige nuestros movimientos.
Está deseosa de estar con nosotros en un contacto vivo, humano, de dependencia, ansiosa de comunicarnos los tesoros de su gracia y corazón.
Reavivemos en sus manos nuestras promesas de amor; Ella está deseosa de que nosotros, en una palabra, vayamos a Ella.
Nuestra Divina Madre seguramente no sólo está como ser encarnado. Como ser de amor, tiene una predilección especial por las Hijas Ordenadas de la Sagrada Orden de Cafh. Me lo ha dicho especialmente.
Así que ustedes pídanle por todos los que necesitan y serán escuchadas; díganle todos los pequeños pesares y ansias, díganle sus penas y deseos, porque todos los tenemos, aún los deseos santos.
Todo lo que esperan para el año que viene, todas las obras que quisieran cumplir, todos los niños a quienes quisieran beneficiar y Ella las escuchará.
Díganle todos los proyectos para que Ella sonría benévolamente o sacuda la cabeza, pero siempre quedaremos contentos porque Ella conoce nuestras aspiraciones: el Colegio en Córdoba, el asilo de niñas, el deseo de levantar una escuela de oficios, y Ella escuchará benévolamente, así como los padres escuchan las fantasías de todos los hijos.
Acercad vuestro corazón a su Celeste y Adorable Corazón.
Enseñanza 3: La Imagen de la Divina Madre (12/12/1953)
¿Cuál es el significado de las imágenes que adornan los templos y santuarios? ¿Cómo es que la Divina Madre puede ser representada así, tan corpóreamente material y en actitudes tan distintas las unas de las otras? Ya sea en el rostro cándido y puro de una niña que lleva en sí todos los sueños por realizar, ya sea como una madre con un niño en sus brazos, ya sea como la Virgen al pie de la cruz de su Hijo en cuyo rostro se refleja todo el dolor del mundo, siempre está allí la Madre Divina, la Madre que es en sí el Cosmos, los Universos, los Mundos, los Planetas, el hombre en fin con todo su bien y su mal, su dolor y su gozo.
¡Divina Madre! Ella ha tomado esas formas para acercarse más al mundo y su símbolo más sublime es María, la Iniciada Lunar, a quién le cupo la misión divina. ¿Qué entendemos por la Virgen Santísima, la Madre de Cristo? Es el ser que eligió la Divina Madre, la Madre del Universo para que encarnara en él su Hijo, el Cristo.
¿Pero cuál es el valor real de esas imágenes? Ellas están allí sobre los altares y santuarios adornándolos, pero no tienen un valor real hasta que los devotos las visten con sus oraciones, con su adoración continuada.
Hijas mías: vestid a esa imagen, de tan hermosa expresión, que poseéis en vuestra capillita, pero vestidla con vuestras virtudes, con vuestro silencio y recogimiento, con vuestra Realización.
¡Hijas de la Renuncia! Comprended que la verdadera Renuncia no consiste en dejar el mundo, los familiares, los amigos, el trabajo. ¡No, Hijas, no! Ésa es la renuncia externa, ése es un valor positivo y el mundo está al día de hoy pleno de valores positivos. La Renuncia verdadera, divina, es la Renuncia Interna, aquélla que es de vuestras almas, aquélla que está constituida por la realización plena de los valores negativos, aquéllos que el mundo no ve, no conoce.
¡Hijas mías, haced que el tiempo no exista para vosotras! Pues el pasado no os pertenece, está muerto, el presente tampoco y el futuro menos aún; todo el tiempo está depositado en las manos de la Madre. Vosotras habéis dejado el tiempo del mundo y estáis en la eternidad. El trabajo que realizáis, aquél que el mundo ve, no es de importancia, no cuenta para la Madre; aquél que importa es el que os va despojando de vosotras mismas, es el trabajo que sólo vive en una renuncia continua. Recordad que no tenéis nada, nada, pues todo se lo habéis entregado a la Madre, lo bueno y lo malo, lo puro y lo impuro.
Ella os abrió la Puerta y no os preguntó nada; sólo bastó vuestra ofrenda. No os preguntó si erais puras, buenas, perfectas, ricas o pobres. Nada de eso miró; simplemente os tomó porque os disteis. No importó si el voto era temporario, solemne o perpetuo; a todas os habló por igual.
Hijas Ordenadas de Embalse: ¿os dais cuenta de la gracia maravillosa que os ha sido otorgada?
Ella os tomó del montón sin tener en cuenta lo que erais, únicamente porque respondisteis a Su llamado entregándoos. ¡Y cómo clama Ella al mundo que se dé así, que escuche su Voz por un momento! Pero mirad, la Madre Divina os ha elegido; trabajad entonces, trabajad sin descanso, pero dentro de vosotras mismas. Vosotras estáis muertas para el mundo, pero ahora trabajad por ese mundo en la Obra de la Madre. Y, sobre todo, orad mucho; que vuestras vidas sean de continua oración, de recogimiento, de Silencio, porque ahora la Madre Divina os está tendiendo la Mano para que depositéis en ella vuestra pequeña gota de sangre. Reflexionad: ¿No es vuestra misión la más maravillosa que pueda alumbrar al mundo en este momento? Pensad un poco en lo que os ha tocado hacer, pues la salvación del mundo no estará en manos de los científicos, de los artistas o de los políticos, sino de aquellos que sirven a la Madre despojándose de sí mismos.
¡Mirad qué misión os ha tocado! El mundo al día de hoy ha comprendido, pero no ha seguido la obra de Cristo. Cristo vino pero los hombres no han seguido su ejemplo. Se acerca ahora el momento de la Nueva Encarnación de la Divinidad, la Divina Encarnación que hará que cada hombre se realice a sí mismo convirtiéndose en un pequeño Cristo.
¿Y cómo hace la Madre para descender sobre la tierra? Pues toma un núcleo de seres que estén preparados a dar su sangre para moldear el Cuerpo Divino. Vuestra misión es transformaros en madrecitas de ese cuerpo -¡oh! Mirad si no es maravillosa vuestra tarea- qué cerca está la Madre de vosotras. Deteneos a reflexionar un poco y veréis en la luz que Ella os da, lo divino de vuestras posiciones y la gracia que os ha sido otorgada. ¡Cuántas mujeres, jovencitas, hay en el mundo que luchan en la oscuridad sin encontrar donde depositar su fe, sus anhelos, sus aspiraciones, sus virtudes! ¡Cuántas chicas, jovencitas, desearían encontrar lo que vosotras tenéis, dejarlo todo, para ir en pos de ello! Pobres almas que deben luchar y caer y que buscan en el mundo de las sombras.
Orad mucho y renunciad porque en esa renuncia esas almas encontrarán lo que buscan. Que el amor mueva todas las fibras de vuestros corazones para ofrendar vuestra sangre en holocausto de esas almas que se debaten en la miseria y la oscuridad, entregadle vuestra sangre a la Madre para que pueda Ella descender sobre la tierra y que esa Divina Encarnación pueda ofrendar al mundo una vida nueva.
Vosotras sois las madrecitas de esa Encarnación y en vuestro trabajo reposará su Cuerpo. Trabajad entonces en él; haced como el pintor que esboza primero un cuadro, hace un borrador y otro, y otro, hasta que llega el día en que la idea genial, la verdadera, ilumina en su interior y se plasma en la tela dando nacimiento a la Obra Maestra.
Hijas: así vosotras debéis trabajar para entregar vuestra sangre a la Madre, pues sin esa sangre no puede realizarse nada y ella es el barro con el que trabaja la Madre Divina para soplar luego sobre él y darle vida. Volcaos vosotras en esa ofrenda a la Madre y veréis entonces que si trabajáis con amor y ahínco las piedras del mundo se convertirán para sostener la Obra Divina.
Enseñanza 4: Adoración al Comienzo de un Retiro (21/01/1954)
¡Madre Divina! Te pedimos, Madre Amada, que el cumplimiento estricto y fidelísimo de la Observancia nos acerque a Tí, nos haga formar parte de Tí, seamos consubstanciales contigo; que la Observancia perfecta rija nuestras vidas en tal forma que nos transforme activa y verdaderamente en nadie; que podamos decir: Madre, no soy yo, Tú eres; no soy yo el que vivo, Tú eres la que vives en mí.
Que podamos, Madre, ser tan simples, tener tanta necesidad de serlo que nos olvidemos de nosotros, que no pensemos tanto en nosotros mismos, en nuestros problemas, nuestros defectos, en nuestras dificultades, en el lugar que podamos ocupar, en lo que nos podamos merecer. Trabajar con la misma alegría en las humildes tareas.
Nosotros no somos nada. Somos como una mesa, una silla, un carro. La mesa fue formada con maderas cortadas, sacadas de otra más grande, el carro con sus ruedas, sus tornillos, sus ejes; todo fue agrupado y sacado de algo mayor. Lo mismo nosotros que ante tu solo soplo desaparecemos y ya nada queda de lo que éramos.
Por eso, Madre, debemos amar solamente el cumplimiento de lo que Tú nos ordenes a través de los Maestros, de los Superiores. Obedecer a Su voz con la simplicidad y rapidez que no intervenga para nada nuestro yo, nuestros intereses; eso es para el mundo. Pero nosotros tenemos la Observancia que es la práctica de todas las virtudes juntas y sólo debemos aspirar a su perfecto cumplimiento.
Volcarnos en los Maestros y Superiores con la fe y la confianza, con la integridad y sinceridad del Hijo cabal y simple que va hacia su Madre, pues sabe que Ella es la única que lo puede consolar. ¡Oh, Madre Amada, amor nuestro, esperanza nuestra, otórganos, Madre, esta virtud para que seamos más tuyos, para que Tú, Madre, seas verdaderamente nuestro único amor! Que sepamos escuchar la voz de nuestros Superiores que es Tu Voz para que nos abandonemos en Tus Brazos como el niño recién nacido, que amemos sus reproches y busquemos ser corregidos para que la Muerte Mística se transforme en un preludio, en un cielo anticipado.
Bendice, Madre, en este Retiro a Tus Hijas Ordenadas, y a Tu Seminario, donde reine la Observancia en tal forma que las que hoy son dos, mañana sean doscientas y pasado dos mil; y a tus Hijos Solitarios y Patrocinados del mundo para que se cumpla Tu Obra Divina sobre la tierra.
Enseñanza 5: La Devoción a Nuestra Divina Madre (5/10/1955)
La ventaja que nos da la devoción a nuestra Divina Madre es la facilidad de contacto con la Divinidad. Dios es Dios. Dios es algo abstracto que con nuestra pobre mente no podemos comprender ni penetrar. La idiosincrasia del hombre de nuestra época exige algo que se adapte a nuestra humanidad: un puente entre la tierra y el cielo.
La raza nuestra ha alcanzado el grado más elevado en el nivel intelectual; a más no puede llegar. Pero al inclinarse tanto hacia la razón ha dejado a un lado, estática, a la intuición. Para tener la fuerza de orientarse hacia ella y desarrollarla para la nueva raza, esperamos al Maitreya.
Estamos acostumbrados a comunicarnos por medio de los sentidos y vivir hacia el exterior. El hombre en su progreso, tiene una trayectoria ascendente que es la de su inteligencia; ha llegado a un punto en que nada le es imposible con su razón, pero la trayectoria de su intuición ha quedado estática. Por eso el hombre desarrolla sus ciencias, todo lo puede explicar, pero a la Divinidad la deja allí: no puede explicarla, la comprende intelectualmente pero no la vive. Llega un momento en que la mente queda impotente ante los porqué de la vida y se sume en la desolación más profunda, porque en su oración desvincula lo divino de lo humano.
El hombre debiera orar mientras trabaja, sufre o goza.
Dios reside en lo que está más allá. Para la razón es algo abstracto. Nosotros no podemos penetrar en ese misterio si la Madre Divina no nos introduce en él. Ella es la Manifestación de Dios, la que está más próxima a nosotros por nuestra idiosincrasia.
Seamos devotos entonces de la Imagen de la Divina Madre y así como las religiones tienen su Jerusalén, su Meca, nosotros la tenemos a Ella.
Seamos verdaderos devotos de la Divina Madre: que Ella sea nuestra Maestra, Confidente, Consejera, nuestra Amiga. Todo se lo debemos contar a Ella y todo lo solucionará si en ella confiamos. No hay problema que Ella no nos solucione.
Debemos hacerla bajar del altar y tenerla a nuestro lado en todo momento. Hacer de Ella algo real y vivo, no algo abstracto y lejano.
Que la Madre Divina sea la obra de arte de la vida espiritual, que cada Hija se haga su imagen propia de la Madre y que la vista con todo lo que ella quiere y anhela ser, con todo lo ideal: la pureza, la bondad, la obediencia, el silencio y la fidelidad que anhelamos para nosotros. Pongamos en Ella nuestras virtudes. Que sus Manos, sus Pies, su Rostro los creamos de acuerdo a nuestro ideal de belleza: que tenga las manos que yo amo, que Ella vaya siempre con nosotros.
Veamos en Ella a la Ordenada perfecta, tal cual la soñamos.
Por un acto humildísimo de amor nos ha tomado Ella misma de la mano para conducirnos a la Eternidad. No hagamos de Ella algo abstracto e inaccesible. Para llegar a lo abstracto, a lo Infinito, debemos cruzar el puente que une lo humano con lo divino y ese puente es la imagen de nuestra Divina Madre. Sin pasar por él no podemos llegar.
Esa imagen está en todo lo que nos rodea. En la naturaleza, en los seres, en un árbol.
La Dama Vye le dio una vez al Caballero Gran Maestre una imagen de Jesús elevando sus ojos al cielo. Esta imagen era la reproducción de una pintura hecha por una mujer. Esta mujer estaba por morir cuando Jesús se le apareció y, mostrándole el cielo, le dijo que ella moriría cuando hubiera terminado de pintar su Rostro tal cual lo veía en ese momento.
La mujer sanó y comenzó la obra, pero nunca la acababa porque siempre tenía algo que retocar y perfeccionar. Cuando dio el último toque habían pasado veinte años, y entonces murió.
Nosotros, como ella, debemos lograr una imagen perfecta de la Madre, y cuando esto suceda podremos morir, pues estaremos perfectamente identificados con Ella.
Enseñanza 6: El Maestro te Llama (10/12/1955)
“El Maestro te llama” fueron las palabras de Marta a Magdalena cuando ésta lloraba sobre la tumba de Lázaro. Al Maestro, más que la muerte de Lázaro pareciera que le interesaba saber dónde se encontraba Magdalena. Parece decir: “Alma consagrada, levántate, no llores por cosas humanas”. El Maestro quiere nuestra fe absoluta, nuestra dedicación, que todo nuestro amor sea para Él; para eso la Madre Divina nos ha quitado todas las preocupaciones al darnos su Divino Hijo por Esposo.
El Maestro quiere primero la prueba de la fe y luego obra el milagro de la resurrección; quiere que el alma siempre esté pronta a su llamado, a darle su fe, su dedicación íntegra.
La Magdalena llorando ante la tumba de su hermano simboliza al alma, que en su aspecto humano, vuelve los ojos hacia el mundo y llora con él dejando lo divino.
“Almas consagradas: abrid bien los ojos y con el corazón en las manos estad siempre dispuestas al llamado del Maestro”. El Maestro está aquí y te llama. Él quiere que el alma que ha sido consagrada a Él, todo lo olvide; después hará Él el milagro de la resurrección de Lázaro.
Por más distraídos que estemos, volvamos siempre para arrojarnos a los pies del Divino Amador. El alma debe acercársele, darse, para que Él pueda darle todo su amor y ternura. Él siempre está allí, esperando al alma; no va al alma, sino espera que ella lo ame para acudir. Esto nos habla de la grandeza de su amor, de la belleza de sus sentimientos.
Por eso la nuestra es la más extraordinaria de las vocaciones. De entre toda la Humanidad hemos sido escogidas unas pocas para que, libres de preocupaciones del mundo, llevemos una vida toda dedicada al culto del amor hacia el Hijo que la Madre Divina nos ha dado por Esposo.
El Maestro siempre está a nuestro lado.
¿No es el mayor de los milagros? ¿El haber escogido a lo más imperfecto, a lo más humilde para amar? Cuando nuestro amor, el entusiasmo que sentimos ante lo divino es como la flor de un día, pues siempre volvemos a caer y sin embargo Él sigue llamándonos, Él que, como Hijo de la Madre Divina, posee a todos los mundos, el cielo, los ángeles y nos ha elegido a nosotros.
Siempre tengo presente a Santa Teresa de Jesús que sentía casi tangible la presencia del Maestro durante el día, después de la aridez en la oración. Ella dice que aún en las épocas de mayor sequedad y aridez, cuando no podía orar y el Nombre de Dios nada despertaba en ella, sin embargo, sentía una Presencia, que Alguien estaba allí y a veces era tan fuerte que casi podía tocar. Así también el Maestro siempre está allí mirándonos, llamándonos. Cuando el alma es verdaderamente escogida, consagrada, nunca pierde esa Presencia.
Sólo las almas consagradas pueden tener esa Presencia divina a su lado, a través de la atención continua.
Esa presencia nos sume en la humillación de nuestra miseria, de nuestra debilidad, inestabilidad, y al mismo tiempo llena el alma un sentimiento de gozo, ya que de entre todas las bellezas del Universo ha escogido nuestra alma, a nosotros, pobres hombres de tierra, llenos de tinieblas, de sueños, de miserias.
¡Milagro que sólo el amor puede comprender!
Enseñanza 7: Parábola de la Samaritana (17/12/1955)
El alma consagrada ha de estar siempre al lado del pozo para dar de beber al Maestro cuando viene. Nunca ha de encontrarla éste descuidada o sin previsión: “Estad siempre preparadas, Hijas mías”.
La Samaritana fue al pozo y encontró allí al Maestro. Este le dijo: “Dame de beber” y ella sorprendida le preguntó cómo Él, Nazareno, le pedía a ella de beber. El Maestro le contestó que si ella le daba de beber, Él le daría un agua eterna que saciaría su sed para toda la eternidad.
Él tiene el agua de la vida eterna, pero mendiga nuestro amor para saciar su sed. Todo lo tiene, posee a los mundos y el Universo todo, pero mendiga nuestro amor.
Por eso le dice a la Samaritana que aún si acabara de pecar, pero le entregara su corazón, de ella serían las aguas y las gracias eternas: ¿Qué son tus pecados delante de mí? ¿Qué importa nuestra miseria si ni ella puede separarnos de Él si le damos de beber?
Él es el Divino Prisionero de amor que, encerrado, contempla por entre las rejas de su ventana a los niños que juegan abajo, en la calle, animando sus juegos y siguiendo sus miradas.
Si le damos de beber surgirá una fuente que lleva hasta la Vida Eterna.
Enseñanza 8: Las Bodas de Canaán (2/01/1956)
Aquél que quiera orar ha de imitar a nuestra Divina Madre. Ella ha de ser nuestro modelo en la oración, nuestra Maestra de oración.
En el Evangelio, la Virgen María ofrece un ejemplo perfecto de la oración: Las Bodas de Canaán. Grande había de ser al intimidad entre María y los desposados para que Jesús, ya comenzada su vida pública, accediera a acompañar a su Madre. Grande había de ser la intimidad entre María y los desposados cuando ella se encontraba sentada tan cerca que pudo enterarse que, por una imprevisión, se habían quedado sin vino y comprendió la vergüenza que esto significaba para la familia. Se acercó a Jesús y le dijo simplemente: “Ellos necesitan vino”. A esto el Hijo le responde: “Mi hora no ha llegado todavía”.
Pero ella insiste con firmeza y luego vuelve a su lugar en silencio.
Al poco rato el Maestro llama a los sirvientes y les ordena que traigan unas tinajas de agua. Las bendice y transforma el agua en vino con gran alegría de los desposados.
Todo se le puede pedir al Esposo Divino y todo lo dará Él al alma consagrada, pero hay que saber pedir.
La oración ha de ser viva y contundente. El alma se pregunta: a) qué, b) cómo, c) cuándo debe pedir.
Primeramente, no se consigue lo que se pide porque no se sabe pedir.
El alma continuamente hace una trayectoria de un polo a otro. Va de la teorización a la materia. Cuando su estado es de euforia, de gran alegría, crea imágenes, ilusiones, fantasea y en eso pierde toda la alegría, construye castillos en el aire. Cuando está deprimida se hunde de tal forma en la materia, en su miseria, que hasta se olvida de orar. Pide muchas cosas, demasiadas y su oración no es contundente porque se detiene a pensar si no es demasiado material o personal aquello que pide.
Por eso María, la Virgen Divina, es un modelo perfecto de oración. En todo el Evangelio jamás se la ve pedir, salvo en las Bodas de Canaán. Ella siempre está compartiendo el dolor del Maestro: lo acompaña al pie de la cruz y aún en la cúspide de la carrera pública de su Hijo, cuando Ella llama a la puerta y le van a decir a Jesús que su madre y sus hermanos están afuera, Él no la reconoce, pues responde que su madre y sus hermanos son aquellos que escuchan su palabra. Ella no es oída ni habla, sino es en las Bodas de Canaán. Pero cuando lo hace es porque sabe lo que tiene que pedir y permanece firme en su pedido; más aún, exige ser escuchada. Sabe que lo que pide es necesario y sabe que su Hijo puede darlo. a) ¿Qué pide? No pide nada extraordinario, nada espiritual, nada místico; pide algo material, común, pero necesario; b) para salvar la honra de sus amigos. c) Por eso se levanta con firmeza y va hacia su Hijo y ante su negativa Ella insiste. Tiene derecho a insistir, sabe que Él puede dar. Cuando Él hace traer las tinajas de agua se cumple la esencia, el substratum de la oración: la transmutación. No importa que el pedido sea material. En las manos Divinas se transforma: da salud, solución económica.
Así tienen que ser las Hijas del Altar Divino: Adorar siempre en silencio, pero cuando se pide al Esposo Divino hay que hacerlo con firmeza, con insistencia, seguras de que Él todo lo puede dar.
Entonces su pedido ha de ser continuado, sin intermitencias, creando una onda de vibración tan fuerte que llegue al corazón mismo del Esposo. No hay que detenerse a dudar si es necesario o muy material, si vale la pena molestarlo por algo aparentemente mundano. Pedir como la Madre Divina: no mendigaba, no era una pedigüeña, pero cuando pedía era contundente.
Luego callar y abandonar el pedido a la Voluntad Divina.
Insistir aún ante la negativa del Maestro: hacer como Santa Rosa de Lima que libraba verdaderas batallas con el Maestro. Ella le decía: “Quiero esta alma, dame esta alma” y cuando Él le contestaba que era un pecador perdido, Ella le contestaba: “No importa, quiero que me des a ese pecador, quiero su alma”. Y su pedido, su fe de amor llegaba como una flecha encendida al corazón del Maestro y Él se la daba.
Ustedes tienen que aprender a orar, saben orar pero hagan de la Madre Divina su Maestra, lean en su libro siempre abierto las Enseñanzas y conozcan el secreto para hacer de la oración algo vivo y contundente.
Enseñanza 9: Parábola del Maestro donde manda a su Servidor para que invite a sus amigos a un banquete que Él dará esa noche (14/01/1956)
El servidor vuelve con la noticia de que ninguno puede asistir: uno a causa de una cita anterior, otro por otra cosa y otro por otra. Entonces el Maestro, con gran dolor, manda a su servidor para que vaya a la plaza e invite a todos los mendigos y menesterosos.
El Divino Maestro llama a las almas, a aquéllos que son sus amigos, que han estado a su lado, las llama constantemente, quiere que estén siempre dispuestas a acudir a Su Llamado al instante.
Él las tomó, las sacó del mundo, de su miseria y las llenó con las gracias de su amistad, pero quiere que ellas estén siempre prontas a su llamado. Cuando ellas se envuelven con el mundo, elige a las más pobres y miserables y las invita a su cena. Ésas son las pocas almas escogidas, que sólo pueden mantenerse en ese lugar a través de su esfuerzo y la ofrenda de todo su ser.
Por eso el Maestro dice algo que pareciera incompatible con su amor y misericordia: “Odia a tu padre, tu madre, tus hermanos, amigos y compañeros”. Odiar al padre y a la madre o sea al mundo físico, la sangre que es la raza, la nacionalidad, la religión; a los hermanos o sea al mundo de la personalidad con sus costumbres, hábitos, impulsos, sentires, estudios, cultura, con sus pasiones y deseos; a los amigos y compañeros, o sea a las ilusiones, los ideales de la mente. Que nada de esto se interponga entre Él y el alma y le impida a ésta acudir a su llamado.
Lo humano y lo divino no pueden existir en el alma al mismo tiempo. Por eso el Maestro dice: “Odia, aborrece al mundo”, porque si el mundo no muere en nosotros, no podremos permanecer prontos a su llamado porque siempre habrá algo que lo impida, que obligará al alma a posponer la respuesta al llamado divino.
Nos ha escogido para nuestra vocación de renuncia, nos ha apartado de todo para que, muertos al mundo, estemos prontos a acudir. A través de la muerte del mundo en nosotros, todos nuestros actos se tornan sobrenaturales y divinos y podemos sentarnos al divino convite.
Enseñanza 10: Parábola de los Discípulos que iban Camino de Emaus (21/01/1956)
Creo que la vida de las almas consagradas a Dios y la oración son una sola cosa; el estado perfecto se resume en oración.
La vida de oración continuada se logra por el cumplimiento de los Votos.
El alma se hace todo un problema con la oración, porque siempre va a lo más difícil, mientras que la oración es algo sencillo, algo que está al alcance de todos.
La oración es unión con Dios, no da la visión de los mundos superiores, ni el curar enfermos, sino que da la participación con los dolores del Esposo Divino.
La verdadera unión no es la del goce ni del éxtasis, sino aquella en que compartimos todos los dolores y sufrimientos del Esposo. Esta unión es la más elevada de todas.
Cierta vez Enrique Suso le preguntó a Cristo por qué tenía que sufrir tanto en lo físico, en lo moral, en toda forma y Cristo le respondió que era porque quería “protegerlo con un cerco de espinas para que no volviera más al mundo”. Sufrir, padecer, ser despreciado, para participar con el Divino Esposo en sus angustias y dolores.
La oración es el estado natural del alma consagrada; para lograrlo hay que buscar el silencio, practicarlo. El hombre tiende a hablar siempre, a disiparse en el exterior, pero el alma que busca a Dios ha de tender a decírselo todo a Dios, a que su conversación sea cada vez más breve y simple. El que está acostumbrado a hablar con Dios dice lo que tiene que decir en pocas palabras.
La oración se logra hablándole al Divino Esposo.
A Santa Catalina de Siena le decía el Divino Esposo: “Quiero que tu conversación sea con los ángeles”.
No hemos de pensar que la oración es un éxtasis, un arrobamiento continuo con los brazos elevados al cielo. Esto es para algunas almas extraordinarias. La verdadera unión con Dios es estar continuamente a su Presencia, contándoselo todo, haciendo de Él nuestro Amado Esposo, nuestro Amigo, el Superior que nunca se equivoca, el Director Espiritual a quien contaremos lo más íntimo y secreto. Él es nuestro secreto Amador; nuestro primer pensamiento al levantarnos es para Él, y el último al acostarnos es para Él.
No podemos perder ni un minuto. Todo lo que deseamos, las luces, las gracias, el amor que necesita nuestro corazón se lo hemos de pedir a Él. Hemos de hacer el hábito de la respuesta para que no hablemos con los hombres, sino con Él.
Santa Teresa vivía en esta presencia continua y era tan real que a veces, mientras cosía o trabajaba, aún en la aridez o la lucha, sentía un estremecimiento como de Alguien que estaba a su lado.
Si estamos en esta Presencia todas las distracciones huirán y los malos pensamientos no podrán acercarse.
Había una vez un novicio junto a los discípulos de Ramakrishna que no estaba muy seguro de su vocación y quería una prueba. Un día cuando estaban todos reunidos en meditación, él quiso pensar mal para perturbarlos, pero empezó a sentir una gran intranquilidad y desasosiego. Cuando lo contó a su Director éste le explicó que era natural que así le sucediera pues, ¿cómo podría tener él un mal pensamiento en la proximidad del Maestro?
Al dejar el mundo, hemos ganado el don de Unión, ya que nuestra vida de disciplina y el Radio de Estabilidad dan más facilidad para que la naturaleza sea dominada.
Cristo sólo fue reconocido por sus discípulos cuando partió el pan: es decir se hizo violencia.
Enseñanza 11: Educación de los Niños (4/03/1956)
Hay que prepararse con la oración para que la Madre nos guíe durante el año en la educación de los niños.
Pidámosle que limpie la mente y el corazón de toda idea preconcebida respecto a los niños: “si el niño es bueno o malo, sucio, grande o demasiado chico o aún repulsivo; si los que envía la Dirección de Menores o no, si tienen esto o los de Villa del Dique tienen aquello, o si los de Villa del Dique son mejores que los de Embalse”. Todo esto puede ser verdad pero para nuestra labor no interesa.
Debemos tomar a los que vienen con la mente limpia como que son los que la Divina Madre nos envía.
Limpiarnos de toda impureza para que nuestra alma sea como un límpido espejo donde la Madre pueda reflejar su imagen. Así todo lo que el niño reciba será de Ella.
Hay que pedirle a la Madre que nos llene del verdadero amor a los niños. No el amor ideal que se siente cuando se habla de los niños, se lee un libro o se escucha una conferencia. Sino el amor real, que siempre está allí, aún en presencia del niño sucio, rebelde, y a veces aún repulsivo o que puede chocarnos. Precisamente con estos hay que volcarse más pues los envía Ella, son los que debemos recibir y hacer en ellos la labor.
Todo esto que digo no va sólo para las maestras y directoras, sino para todas las Hijas porque todas ellas intervienen en la labor de los niños. Si no hacen la labor de educación y enseñanza, trabajan para ellos, oran por ellos; cuidan sus ropas y la casa donde viven, aprenden, se educan. Todas son Maestras Integrales, o mejor dicho, una sola Maestra Integral a través de la cual la Madre se expresa en las distintas fases del trabajo en la escuela.
No sólo se trata de educar la mente del niño, sus instintos, sino suavizar su corazón, su alma, darles un sentido de la vida, encaminarlos al bien.
No importa que el niño esté un solo año con nosotros, porque un año de verdadera labor basta para prepararlo para la vida.
Las enseñanzas recibidas no se borran jamás. Aunque aparentemente no se vea el fruto, la labor queda allí, está hecha.
No debemos añorar si no vienen los del año pasado, ni pensar que los de este año no vendrán el año que viene. Lo importante es hacer bien la labor de este año. Volcarse todas en amor. Decirse: “Este año tengo que prepararme para educar, enseñar a los niños, es mi misión de este año; el año que viene Dios dirá”.
Hagamos una oración. Pidamos a la Madre: Limpia mi mente y mi corazón, prepárame para la labor. O mejor dicho: Sé Tú la fuerza directriz que está detrás de mí. Seré tu instrumento. Tú serás la cabeza, la que diriges y yo seré la que trabaje. Te pedimos luz, comprensión y amor. Te pedimos una bendición, una bendición muy especial porque aunque tenga una vocación muy especial, soy humana, por mí nada puedo. Dame paciencia, sobretodo mucha paciencia para enseñar. Dame rutina para ser todos los días del año la misma Maestra Integral, estar siempre en la misma disposición de ánimo, sin altos y bajos.
Que el niño a nuestro lado sepa captar cuál es la voluntad de Dios en su vida y podamos escribir esa Voluntad de Dios indeleblemente en su alma.
Enseñanza 12: Acerca del Consuelo y la Aridez en la Oración (11/03/1956)
Las almas consagradas, las almas de oración, siempre quieren y creen que han de tener consuelos y goces divinos continuamente en la oración. Esa gracia divina la necesitan los hombres del mundo que cuando oran buscan y reciben ese consuelo. Ellos lo necesitan como un estímulo, pero en cambio nosotros, que a todo hemos renunciado, no necesitamos de ello.
La verdadera oración no es la de devoción sensible, sino la de aridez y oscuridad. ¿Qué mejor que buscar en los libros santos ejemplos sobre la oración?
Se lee en los Evangelios que cuando José y María iban con Jesús de Nazareth a Jerusalén para celebrar las Pascuas en el templo, al regresar no vieron al niño durante todo el día y pensaron que estaría con sus parientes, pero luego, al no hallarlo, comenzaron a recorrer las caravanas preguntando dónde estaba y por tres días lo buscaron afanosamente y con dolor.
¿Cómo José y María, que eran Iniciados, que tenían constantemente la luz divina en su presencia, tuvieron que perderla y sentirse angustiados? ¿Cómo es posible que almas consagradas que han tenido por años goces y visiones se vean privadas del bien que poseían? Y sin embargo, lo dicen las Santas Escrituras, es palabra evangélica.
¿Qué tiene que hacer el alma en esos momentos? Sólo buscar, así como buscaron María y José a Jesús, y preguntarse como ellos lo hacían: ¿Por qué se habrá alejado de mí? ¿No le habremos dado suficiente amor? ¿No habremos sido padres poco amorosos ya que él huye de nosotros?
¿Adonde te escondiste, Amado,
y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido,
salí tras tí clamando y eras ido.
Si el alma en esos momentos se mantiene firme y aunque no siente a Dios “quiere”, en ese querer, en ese esforzarse, está la oración. Y ¿dónde lo encontraron? Lo encuentran en el templo, rodeado de los doctores a los que responde con sabiduría sobre la ley y ellos quedaban maravillados. Entonces sus padres le preguntaron por qué los había dejado, a lo que Él respondió: “Madre, debo ocuparme de las cosas de mi Padre”.
¡Qué maravillosa respuesta! A pesar de esta respuesta, Él los sigue sumiso y se somete a ellos. Pero ellos no lo habían entendido, si bien María guardó sus palabras en el silencio de su corazón. El alma también puede sentir algo en su corazón aunque no lo sepa nunca. Es una lucecita que está allí, que permanece a pesar de todo. Pero esa luz a través del esfuerzo en la aridez sube al templo de la mente, de la comprensión, y se transmuta en luz iluminativa.
El amor sensible se transforma en un amor de luz, de conocimiento, de iluminación. ¿Cuál es el Templo? El Templo no está en la sensibilidad, sino en la comprensión iluminativa donde el amor sensible se transforma en un amor de luz, de comprensión que abarca a todo el Universo.
Es allí cuando el Maestro que había vivido en intimidad con el alma, en el goce del amor desconocido, compartido sólo con el Amado se transforma en el Maestro de Luz, de Sabiduría, que enseña al alma a volcar su amor sobre todos los seres.
Por la comprensión que nos trae la aridez compartimos la misión del Iniciado.
¿Dónde está el alma heroica que quiera, que pueda vivir continuamente sin distracciones, que esté dispuesta a vivir toda la vida en ese estado? Esa alma participaría de la obra del Maestro Divino sobre la tierra. Las almas que no han tenido grandes períodos de aridez no son experimentadas. No son almas místicas. Dios primero busca ser amado y se deja tomar, pero luego huye para que el alma aprenda a conocerlo y adquiera a través de Él la verdadera Sabiduría.
Muchos santos son devotos de este sublime misterio del Niño Perdido, de José y María buscando al Niño Jesús y hallándolo en el Templo. Ana de Jesús era muy devota de este misterio porque ella era un alma de oración. Ella sabía del valor de la aridez en la vida espiritual. El ser ama a Dios pero a la manera humana, quiere encerrarlo y poseerlo a su manera. El alma quiere aprisionar a Dios humanamente pero la naturaleza de Dios es divina y tiene que regresar a su plano. El alma tiene que buscarlo entonces en el Templo de la Sabiduría y allí comprender su misión y compartirla. La comprensión sólo llega en la aridez. El Divino Esposo quiere salir de la prisión que le ha hecho el alma y transmutar el sentimiento en conocimiento Iluminativo, llevar al alma a la meditación sin imágenes, de Ideas Luminosas.
Cuando el alma ha experimentado esta luz no puede olvidarla. Después de la oscuridad, la luz que le llega es tan potente como el alma no lo había imaginado nunca.
Cuando Dios abandona al alma en la aridez y el desamparo es cuando el alma empieza a tener un vislumbre de la muerte mística. Antes de eso el suyo es un goce sensible. Es en esa aridez donde el alma aprende y saca la enseñanza que podrá dar a los seres. En el goce y el consuelo la comprensión se consume en la Unión Divina, en ese amor de intimidad, pero en la aridez el alma cosecha el fruto que podrá guardar para el invierno y las épocas de escasez.
La aridez es el almíbar que conserva al fruto para el momento propicio en que puede ser dado como alimento a las almas.
La oración sensible es fruto dulce del momento. No hablo de la aridez de los primeros tiempos de la vida espiritual, de la lucha entre la sensibilidad mundana y la sensibilidad espiritual. Esto es malo y hay que sacar de allí al alma con las dulzuras. Hablo de esa aridez muy superior del alma que ya ha pasado esa parte de la vida espiritual en que supo conquistar su bien y en su goce lo quiere aprisionar dentro de sí. De esa aridez de períodos largos y llenos de distracciones, en que la media hora de meditación parece pasarse sobre espinas, en la que al alma le parece que no hace nada. Si el alma se mantiene allí a través del esfuerzo, desarrolla su voluntad a través de la búsqueda.
El alma tiene que buscar, se conoce entonces a sí misma.
Es bueno que los directores sepan que cuando el alma entra en esta aridez, ya tiene doce años, es grandecita, como Jesús; marcha por un camino seguro. Sepan los que dirigen almas, sepan ver en esa aridez el dedo de Dios. Esas distracciones obligan al alma a esforzarse, a buscar a Dios, a conocerlo, a comprender las cosas superiores. Es en la aridez donde se prueba verdaderamente la vocación.
El alma consagrada no ha hecho un voto para alcanzar goces y deleites, ha hecho un Voto de Renuncia.
Enseñanza 13: Hacer el Bien a los Niños (17/03/1956)
Hemos de hacer todo el bien que podamos a los niños.
Tenemos que aplicar nuestra Enseñanza en su educación. Aún para dar a ésta una orientación psicológica, etc. es bueno ir a buscar en la fuente de los libros sagrados.
Se lee en los Evangelios que cuando Jesús entró en Jerusalén con sus discípulos, la multitud lo aclamaba y los niños lo rodeaban y no lo dejaban avanzar. Entonces sus discípulos querían alejarlos, les daban manotones, los empujaban. Jesús les dijo: “Sinet parvuli venite ad me”, dejad a estos niños que se acerquen, y les puso su mano sobre la cabeza. Esto ha atravesado los siglos como mensaje para los maestros, educadores, celadores, docentes.
¿Había contradicción entre la actitud de unos y otros, Jesús y sus discípulos? No. Cada uno cumplía su misión específica. Para Jesús sus discípulos eran sus hijos, su vida, su sangre. No olvidar que eran hombres que lo dejaron todo. No olvidemos que estaban Juan y Pedro a quienes les dijo: “Yo os haré pescadores de hombres” y ellos tiraron sus redes para seguirle. No olvidemos que estaba Mateo que dejó su libro de cuentas a medio hacer.
Los discípulos tenían que testificar con su vida y su sangre las palabras del Maestro. Él les había dicho: “Aquél que os oye a vosotros, a mí me oye; aquél que os ama, me ama; y el que os hace daño a mí me daña”. Jesús se podía “dar el lujo” de ser dulce, comprensivo, pero sus hijos tenían el deber, la obligación de ser severos para abrirle el camino al Divino Maestro. Nosotros también formamos un conjunto armónico, un solo cuerpo, la maestra única.
Nuestro fin es educar bien a los niños. Por eso tiene que haber una sola directiva y cada uno tener distinta actuación. Es decir que no vale ningún concepto personal, sino una sola directiva.
Muchas veces uno piensa: “Ésta es la mejor manera de educar a un niño”. Otro dice: “Hay que ser más severo”, pero ésas son “mi opinión”. A mí también me pasa. Dura unos meses, un año, y después se ve que ésa no era la manera adecuada.
A veces viendo una actuación uno puede pensar que sería mejor así pero no debemos interferir en la labor de otro, sino comprender que cada cual debe actuar en su lugar, de acuerdo a la necesidad y a la tarea que le toca realizar. Así vemos que habrá aquella que es el ogro. Siempre hay un ogro; alguien a quien el niño sabe que es inapelable. Aquella que el niño sabe le dirá: “hasta aquí” y no se retractará.
Hablando de la necesidad de que haya un ogro, visitando una vez a las capuchinas, una hermana muy buena, la Hermana Teresa, me dijo: “Mire Señor Bovisio el papel que me ha tocado a mí: el de ogro. Cada vez que hay que retar a una niña me llaman. Debo tener la cara adecuada”.
Así también la Directora o la Superiora puede actuar con severidad o con dulzura, según el momento, pero como ese contacto con el niño es pasajero, se puede dar ese lujo. “Yo también me lo puedo dar”. Pero el que está adentro, en la labor, es distinto. Cada uno en el aula ha de tener una línea o camino de conducta a seguir, ya trazado y al pie del cañón perseverar.
La Maestra en el aula, como tiene que trabajar el alma mental del niño tiene un campo más amplio y puede ser un poco compañera, un poco amiga, un poco hermana y “maestra”, un poco dulce, un poco severa, un poco comprensiva, y luego, sobretodo, maestra para enseñarle.
El aula y el internado son dos funciones completamente distintas. Nadie quiera intervenir en la labor del otro. El que es cabeza no puede ser manos y las manos no pueden ser pies.
También está la que tiene la tarea del aula donde tiene que llegar al campo mental del niño y donde él tiene que encontrar comprensión, amor, dulzura. El niño siente que una es más bondadosa o más afectiva, pero todas son afectivas en realidad aunque él no lo sepa.
Nosotros tenemos que representar cada uno un papel como en el teatro pero todo es un conjunto único. El niño necesita naturalmente un escape, él no lo sabe, pero responde a una sabia dirección.
Por eso él cree que una le concede, que es afectiva, y con ella puede tener un escape. No podemos ser tiranos, tiranizar al niño. El niño necesita más libertad que nadie porque su mente va despertando, sus sentimientos se van expandiendo y su cuerpo físico se está desarrollando. A pesar de la libertad hay que darle disciplina para formar caracteres fuertes. Enseñarles para que sean útiles y tengan una defensa en la vida. Que sepan que la vida los someterá a restricciones. Mañana estarán sujetos a una oficina, a un horario, a un jefe. Darle la libertad, pero disciplinarlo. En la hora de estudio que estudie; en la hora de juego dejarle amplia libertad para jugar. Las nenas necesitan jugar, preparar cosas para sus muñecas, etc. El varón necesita correr, saltar, gritar.
Hay un problema serio que se presenta con los niños y no hay que asustarse por él: el problema del instinto carnal. Cierta vez conversando con un hijo espiritual que colaboraba en la educación, éste habló de otro colaborador cuya opinión era que para dominar esos instintos hay que ser severo y castigarlos, pero esto llevaba a los niños a ocultar el vicio por temor; los tornaba falsos. Yo también era de esa opinión, pero este colaborador no pensaba así.
Al preguntarle el Caballero Gran Maestre cuál era su método lo llevó a su sala. Allí observando vio el éxito que daba su método. Este maestro sostenía la idea de que la pasión se quita con la pasión. Combatir los vicios dándoles un ideal que al hacerlos amar y sufrir, transmute esas fuerzas. El niño que ama y sufre se hace puro. Un chico o muchachita de once o doce años se enamora de alguien que pasó, de la maestra, de un ideal lejano y sufre, languidece, tiene los ojos tristes. Hay que despertar la parte afectiva, amorosa para gastar las energías del instinto.
El que sufre y ama es puro. Por eso hay que despertar en ellos un ideal que les haga sufrir ya que el sufrimiento amoroso los purifica.
Enseñanza 14: Sobre la Vanidad (24/03/1956)
Dicen los Santos Evangelios que cuando Jesús estaba predicando y curando, María, la madre de los Zebedeos, tomó a sus hijos y subió al monte donde estaba el Maestro, se postró ante él, le adoró y dijo: “Señor, promémete que en el cielo mis hijos se sentarán uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús mirola y dijo: “¿Serán ellos capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”.
Siempre pasó lo mismo. El alma renuncia a todo, pero cree tener un cierto derecho espiritual, cree que por haber sido llamada tiene derecho a las gracias divinas. Esto hace despertar en el alma la vanidad espiritual. Si es verdad que hemos sido llamados nuestra investidura es divina, pero nosotros seguimos siendo humanos. Recordemos lo que dijera Gandhi: Los hombres son siempre hombres; los valores son de las instituciones.
La Ordenación es lo más sublime, pero nosotros somos humanos.
Esa vanidad es lo que hace sentir a los seres espirituales superiores, distintos a los demás hombres. Pero recordemos que nuestra Ordenación vale como investidura que nos transforma de hombres en dioses sobre la tierra, que nos da un poder sobrenatural, nos llena de gracias, pero debajo de esta investidura, “yo sigo siendo un pobre hombre, un mísero gusanito”. Es muy triste ver como la soberbia espiritual se posesiona de las almas sacerdotales.
Como les decía, hoy se leyó en todas las iglesias de La Plata una pastoral en la que el Arzobispo se atreve a decir que esa peste (parálisis infantil) es debida a que no se ha respetado a los sacerdotes.
¿Como es posible que la soberbia espiritual separe tanto a los seres, haciendo que estos malos y pobres sacerdotes se sientan superiores a los demás y culpen a los inocentes del mal de los hombres?
¡Pobres sacerdotes! Ese pobre sacerdote, porque es digno de lástima, confunde su humanidad con su investidura y cree que se le debe algo. ¡Cuidado Hijos, nosotros podemos caer en ello! Nuestro único derecho es el de sufrir, se nos puede calumniar, vituperar, despreciar. Esa es gloria, es la confirmación de la ofrenda de la Ordenación. Ser Hijos, sacerdotes de sangre.
La Madre no quiere que nos maten, sólo quiere nuestra sangre, que llene gota a gota la copa de la ofrenda. Padecer y ser despreciado es nuestra gloria, como decía San Juan de la Cruz.
La doctrina de la Iglesia es pura, los hombres son los que la echan a perder. La Iglesia ejerce una tiranía por el temor. La peor tiranía es la tiranía espiritual. Porque si bien la tiranía social quita y limita la libertad material, la tiranía espiritual mata el alma.
Se necesitan almas sacerdotales; mucha es la mies y pocos los obreros. En realidad hay pocos sacerdotes verdaderos, verdaderos directores de almas confirmados con su dolor y sangre. La Ordenación se confirma con el dolor. No creáis que por haber abrazado la Ordenación quedamos libres de las calamidades y sufrimientos. Esta sería la mayor de las separatividades. De nosotros tienen que poder decir: ¡Cómo, gente tan buena y le pasan tantas cosas!
Me pregunto: “¿Serán ustedes capaces de beber el cáliz del Señor?”
Enseñanza 15: Palabras del Caballero Gran Maestre en la Ceremonia de Votos Solemnes de la Señorita María Esther (12/05/1956)
Las almas predestinadas han sido las elegidas por la Divina Encarnación desde antes de la creación del mundo. La Divina Encarnación las tomó por Esposas para que ellas lo ayudaran en la redención del mundo y fueran sus Co-Redentoras de las almas.
La vocación del alma es toda divina, nada humana: lleva el toque divino del Hijo de la Divina Madre. ¿Cómo florece en el alma y despierta? Vemos a la niña que marcha de la mano de su madre, confiada y, de repente, un día todo cambia en ella: se ha transformado en una mujer. La llama de la vocación que trae en el alma desde que la Divina Encarnación la eligió, ha despertado. Antes se apoyaba en la mano de la madre y ahora se independiza, pues ha despertado en ella su apoyo divino.
Es entonces cuando el mundo de la familia, de los padres, todos se levantan en contra de ella y tiene que luchar para defenderse. Lohengrin, cuando toma a Elsa por esposa, lo hace con la condición de que nunca le pregunte su nombre y ella, al ceder a la tentación, pierde a su Amado Divino. Las cosas divinas no tienen explicación humana.
María Esther: no tenga más corazón. Deje que el Esposo Divino se lo arranque y ponga en su lugar el suyo. Ramakrishna decía que no tenía corazón porque se lo había entregado a la Divina Madre.
Sean todos los momentos en que esté lejos de Él, los momentos de agonía, que todo su consuelo esté junto al Esposo. Desde ahora su vida será un morir a cada instante para conquistar la Vida Eterna. Ponga sus manos sobre las palmas de las manos del Esposo y sienta la sangre de sus heridas, apoye su frente contra sus espinas y acerque su corazón al corazón herido del Divino Esposo para sentir sus latidos de amor. Cargue sobre sus hombros el cuerpo muerto de su Esposo, el cuerpo de la miseria, del dolor, de las lágrimas de los pobres seres del mundo, comparta los sufrimientos del Esposo Divino.
Antes de la creación ya estaba usted elegida para ser Esposa de la Divina Encarnación. Antes que los soles, que se pensara en la posibilidad de una Humanidad, las almas llamadas a ser Co-Redentoras fueron creadas con la Divina Encarnación. Levante usted el Cuerpo de su Divino Esposo. Es un hombre muerto. Vea la palidez de su rostro, sus ojos cargados de sangre y lágrimas, que no quieren mirar por los que miran las vanidades del mundo. Incline y toque con su frente, su frente con espinas para que huyan los pensamientos vanos. Ponga sus brazos sobre sus espaldas y sienta el peso de esos brazos por las madres, los enfermos, los moribundos. Estréchese a él y sienta el latido de su corazón para que la introduzca en su Corazón, en su Llaga, y la envuelva en la llama de su dolor y de su amor. Ya no tiene más corazón, María Esther. Haga como Ramakrishna, como Ana de Jesús, que en un rapto de amor le dio su corazón para no tenerlo más. Haga como las viudas hindúes que toman el cuerpo de sus esposos muertos para subir juntos a la hoguera. Tome el cuerpo de su Esposo y suba usted. Desde hoy está muerta.
Su Esposo es un Dios Divino. No olvide que Él murió para su redención. Ni un instante, ¿qué digo un instante? si cuando no está con él todo es agonía para usted.
Levántese Hija y venga a desposarse con la Divina Encarnación, con el gran Maitreya. Nuestro amor tiene un solo rostro. Hoy conoce su nombre. Nuestro amor es único, tiene una sola ventana, tiene una sola puerta. No es para ser compartido. Los Votos de hoy son sólo una promesa y una esperanza que va usted a ver al exhalar el último suspiro.
Enseñanza 16: Recogimiento y Reserva de Energías (19/05/1956)
La vida del Ordenado es de recogimiento y reserva de energías.
No sólo tenemos el Radio de Estabilidad físico, material, del cual no debemos salir, sino que hay otro radio magnético, íntimo, del alma que es sagrado. Del Radio de Estabilidad no debemos salir, tenemos que movernos dentro del él, en clausura. Pues bien, de ese Radio de Estabilidad magnético del alma no tenemos que salir por nada del mundo.
Es nuestra intimidad la que le debemos a la Divina Madre por nuestros votos de renunciamiento; somos lámparas encendidas frente al altar y de esa luz vive el mundo. No podemos dejar de arder, de consumirnos para mantener la llama y si salimos de nuestro recogimiento íntimo dejamos apagar la lámpara.
La llama ya es del mundo y no tenemos derecho, no podemos permitir que la llama deje de abrasar un solo instante a los Pies de la Divina Encarnación. Bien saben ustedes cuánto cuesta encenderla de nuevo cuando la dejamos apagar y ¡qué fácil se apaga! Y sin embargo, salimos de nuestro Radio de Estabilidad interno, desaprovechamos ese Don Divino de la mística de la Renuncia que sólo poseen las almas que renuncian. Pero ese Don no es nuestro, lo debemos a la Humanidad porque su fruto es asistencia a los enfermos, ayuda a los necesitados, dirección para las almas. Y, ¿cómo salimos de nuestra intimidad? Las vías de escape son tres: nuestros pensamientos, nuestra voluntad, y la falta de reserva de energías, que se traduce integralmente en falsos conceptos de caridad. Nosotros somos muertos -¿No dicen las Santas Escrituras: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos”?- Hemos dejado al mundo, seres amados, recuerdos, todo. ¿Qué tenemos que hacer, entonces, allí, con el pensamiento? Cuando pensamos en el mundo o tocamos con el recuerdo lo que fuimos o hicimos, se abre un camino vibratorio desde la Casa de la Madre hacia el mundo por donde nuestra fuerza se escapa a él, y la fuerza del mundo irrumpe en la Comunidad. ¡No! Hay que cortarle las alas al pensamiento y frustrar la imaginación. Una sola Idea, un solo ideal: la Madre y su Obra.
¿Qué tengo que hacer yo en mi ciudad o en mi vieja casa? ¿Con los parientes, los que fueron mis amigos? Por más bueno que sea un recuerdo del mundo es veneno para nosotros.
También nuestra voluntad. La voluntad humana fue un medio que me sirvió para llegar hasta aquí pero ahora ya no puedo querer nada. Sólo me debo a la Divina Madre. El Ordenado ya no quiere nada. Por nuestros Votos hemos renunciado a nuestra voluntad, nos hemos votado a la Madre, por eso, a través de nuestros deseos aún santos se escapa el alma de su sagrada intimidad. No sólo no deseo nada y me entrego a la Voluntad de la Madre a través de la obediencia al Superior, y al cumplimiento minucioso de la observancia que deshace mi voluntad propia, sino que aún no debo desear cosa espiritual alguna. Ni la virtud, ni el conocimiento espiritual, si eso me da algo que puedo llamar mío. Yo no tengo nada, no deseo nada. Eso queda para los hombres del mundo que desean y pueden desear ser mejores, alcanzar virtudes. Yo me entrego a la Divina Madre, y deseo lo que Ella desea. La perfección de mi alma está en sus manos. Yo hago el esfuerzo y cumplo mis deberes. ¿Si Ella quiere que me vea siempre imperfecto? ¿Si Ella quiere que yo sea el más ignorante, el último de la Comunidad? Acepto con amor sus designios y no deseo nada para mí. Si yo supiera que con la perfección voy a lograr algo para mí, prefiero mil veces quedarme siempre en la más completa imperfección e ignorancia. Como dijo San Pablo: “No soy yo quien vive, sino Dios quien vive en mí”.
La fuerza que puedo dar no me pertenece. Es la fuerza que la Madre Divina genera en mi interior y, ¿cómo puedo yo malgastar la fuerza de la Madre? ¿Qué más puedo desear si Ella vive en mí? Yo nada puedo, pero Ella todo lo puede en mí.
Así permanezco en el recogimiento de mi vida interna y Ella puede cumplir en mí su obra de redención, una nueva forma de salvación universal. Es el nuestro un nuevo camino de salvación y aquí está vuestra única salvación pero siguen viviendo hacia el exterior. Y ¿dónde puede haber paz más verdadera que en el interior? Nuestras energías no son nuestras ya, no nos pertenecen, es la Gran Corriente que vibra en nosotros. Debemos cuidarlas religiosamente. La mirada, la voz, el oído, los sentidos, todos son otras tantas vías de escape. Por ello debemos guardar la Observancia en la modestia de los ojos, en el silencio, en el refrenar todo lo que signifique desgaste de energías interno y externo. Por los ojos, en una mirada, se va nuestra fuerza que ya no nos pertenece; la voz es una corriente vibratoria por donde escapa también la energía. Nuestro cuerpo es un emisor y un receptor; pero aún tenemos un escape de energías que a veces no se ve enseguida con claridad. La interpretación dice que guardemos las cosas que se ponen a nuestro cuidado. Pues bien, todo lo que usamos está a nuestro cuidado. Nosotros no tenemos nada. Nos dicen: guarde esto, son sus libros, su reloj, su linterna, su ropa, pero en realidad, ¿es algo nuestro? ¡No! Sólo lo tenemos a nuestro cuidado. No tenemos derecho alguno a prestar nada, a disponer de esos objetos según nuestra voluntad; si nos piden algo ¿tenemos derecho a darlo si no es nuestro?
San Martín de Tours dio la mitad de su capa a un pobre. Santa Catalina de Siena se despojó de su ropa interior de lana con un fin parecido. Pero nosotros no podemos. Somos tan divinamente pobres que no podemos disponer de nada, ni de nuestras ropas. Es que por esos objetos, los que pusieron a nuestro cuidado, escapa energía de la Madre. Se rompe el círculo magnético de nuestra intimidad.
Esto parecería un dilema, ¿ir contra la caridad? ¿Qué es más importante? ¿Qué debo elegir? ¿La caridad o el cumplimiento de los votos? Es un dilema.
Nuestra misión es mucho más amplia. Si cumplimos, si nos encerramos, nuestra caridad abarca al mundo entero: asistimos y curamos a los enfermos, ayudamos a los necesitados, guiamos a las almas.
Nuestra renuncia es: ¡No, No y No!
La vida de los hombres es hacer, ir, venir, disiparse, pero la del Ordenado es estar, concentrarse, negarse, deshacer lo que los hombres confirman, no por egoísmo sino para cumplir una misión de mayor amplitud.
Dar, dar y más dar.
El Radio de Estabilidad magnético interno es un don de la Mística de la Renuncia.
Sólo los que practican la Renuncia participan de esta Mística divina.
Si salimos fuera de nuestro Radio Magnético de Estabilidad, malgastamos nuestra energía interna y no cumplimos perfectamente nuestra misión que sabemos es: Salud para los enfermos, Asistencia para los necesitados, Dirección para las almas.
Nuestro cuerpo es un receptor y un emisor: continuamente estamos dando.
Enseñanza 17: Somos una Reunión de Almas (9/06/1956)
Uno de los goces más grandes de la vida espiritual es la unión de las almas. Los seres humanos buscan siempre la compañía, porque el hombre sólo no puede vivir, siempre necesita de alguien que lo acompañe; la vida misma es una sucesión de hechos que reúnen a los seres con lazos de sangre, de circunstancia, de trabajo. Ahora bien, el hombre tiene ese extraordinario privilegio de comunicarse con otros seres, pero tiene el dolor grande de ver que la separación es siempre inevitable.
La unión de los seres implica ya de por sí una futura separación, porque la vida sobre la tierra es una sucesión de hechos que están ajenos a la voluntad del hombre. Pero Dios ha reservado a los que siguen el Sendero Espiritual una reunión que está más allá del tiempo, de la alegría de estar juntos un momento: es una unión que empieza en la tierra y termina en la Eternidad.
Nuestro Reglamento dice que “somos una reunión de almas”, quiere decir que este lazo es eterno porque es sobrenatural. ¿Hay cosa más extraordinaria que aquella de saber que hemos encontrado a muchas almas de las cuales nunca nos separaremos? Sin embargo, en la tierra hay algo que es un pálido reflejo de esta unión: la amistad. La amistad es lo único que espiritualiza y eleva la reunión de los seres; ese lazo está más allá de las cosas materiales. San Francisco de Sales dijo: “Amar porque sí, sin la necesidad de amar a ese ser, ni por nada material, lazo de sangre, sino porque sí”.
La reunión de las almas que siguen un Sendero Espiritual es una pura, noble, desinteresada amistad; pero lo que la distingue es la Eternidad, lo sobrenatural y esto es lo que hace que ella siga a través del tiempo, del espacio, de los acontecimientos.
Si bien son pocas las almas que nos han precedido en el más allá, nada hay tan vivo como su presencia, y ellas nos esperan en ese mundo que no tiene principio ni fin. Aún para aquellos que no las conocieron su presencia está viva, en la lámpara, en una pequeña obra, una pared levantada, una piedra, un pequeño detalle que hay a nuestro alrededor (la pava de la cocina que compró Violeta). Mas aún resuenan sus palabras, parece que viniera el auto de Santiago Rébora.
En la verdadera reunión de las almas los años hacen que el acercamiento sea más grande y esto no es más que un ensayo; cuánto más viva será esta reunión cuando las encontremos en espíritu, en el conjunto armónico del Cuerpo Místico de Cafh. Este es un milagro de amor y realización.
Hay que detenerse en esas palabras: “reunión de almas”. Todo está allí, no nos podemos separar. Me llega a través de la palabra del Director Espiritual, del compañero, del Superior.
Todo está allí como una luz que alumbra nuestro camino. Esa voz me llega continuamente, su luz vive con uno y esto no puede compararse con nada de lo que existe sobre la tierra. Aún si no nos volviéramos a ver, este lazo, esa presencia se hace más íntima y real.
A veces uno va a decirle a su Director sus penas y pesares, pero cuando uno está lejos se comunica en una expansión más grande, con un saludo, un silencio que parece olvido. Nos miramos frente a frente y miramos el camino a recorrer para llegar a la cumbre y nos preguntamos cuánto nos falta todavía.
Esto sobrepasa todas las dichas y temor del mundo. También sobre la tierra el ser quiere eternizar ese instante de unión a través de la mutua comprensión, pero el momento pasa y uno se queda amargado y vacío, más vacío que antes, porque había un placer personal y el placer es ajeno al espíritu y su secreto.
Pero la vida espiritual nos revela ese secreto: las almas sólo pueden eternizar su unión en el amor espiritual; de allí que aunque nunca nos hemos visto, nos vemos y nos conocemos y parece que hiciera cien años que estuviéramos juntos; hay una discreción amorosa para perdonar los defectos y las faltas, hay comprensión inmediata, unión, fusión de alma a alma.
La dicha de la amistad es poder verse, unirse intrínsecamente, porque lo que la amarga es el pensamiento de no verse más. La Renuncia de Eternidad nos da este bien de reunión de almas. En un momento nos dijimos: “Tu vida es mi vida, y tu amor es mi amor” y esto permanece para siempre.
Aún los que se han ido vienen a vernos para decirnos: “Aún estamos acá. ¿Te crees que tu velo no es mi velo, tu capa no es mi capa? Todo es de la Divina Madre. Nosotros siempre somos jóvenes, hemos elegido el mismo tenor de vida; tenemos la misma animosidad, no la animosidad adversa sino la que da vida, que a través de los pequeños inconvenientes de palabra o de opinión, afirma el amor mutuo. Pasará el tiempo, vendrán acontecimientos, pero siempre estaremos unidos sobrenaturalmente, aún cuando crucemos el valle oscuro de la muerte, estaremos unidos porque nuestra reunión es reunión de almas.
Enseñanza 18: Éste es el Reglamento de Cafh (11/08/1956)
Son las palabras iniciales de nuestro Reglamento. No dice allí: “Este escrito o normas”, dice “Éste”. El Reglamento es algo espiritual, abstracto, indefinido, no escrito, contrario a lo que uno se puede imaginar.
Nuestro Reglamento no empieza directamente con las normas, sino que dice “Éste es el Reglamento de Cafh”; parece que con eso quiere significar que no tiene forma, ni ley, que no quiere encerrarse en algo definido. Esta frase primera es como un sello de espíritu y recuerda las palabras de Pablo a los Corintios cuando dice: “Vosotros sois carta de Cristo”. Quiere decir que uno mismo es la ley de Cristo, la palabra divina está viva a través de nosotros. Nosotros somos la expresión de nuestro Divino Reglamento. Somos el Reglamento de Cafh. En el momento en que ponemos los pies en el Sendero, nos transformamos de hombres humanos en divinos; de las leyes humanas pasamos a las leyes divinas y espirituales. El Reglamento de Cafh no son leyes impuestas, sino que son el modo espontáneo de vivir de aquel que ha abrazado el Reglamento. Esto no está dispuesto al azar o determinado por colectividades o pueblos, sino por una ley natural y divina que permite hacer del renunciamiento una realidad. Todo aquél que abraza la renuncia vive según el Reglamento. Todas esas normas las ha dictado a nuestro corazón la Divina Madre: es la ley eterna que toma forma a través de los actos de nuestra vida, que nos lleva a la conquista de la renuncia libertadora.
Las leyes tienen sentido en el momento que son necesarias, pero después si uno se ata a ellas nos esclavizan y nos inducen a luchar en contra de ellas; pero cuando son espontáneas en nosotros y surgen como una necesidad del alma se transforman en nuestra segunda naturaleza, entonces podemos quemar el Reglamento, pero esto no desaparecerá de mí, porque la Ley Divina que me ha sido enseñada como una técnica ascética para lograr lo que me he propuesto es parte de mi mismo, soy yo mismo, yo la he elegido por vocación.
Sentimos la necesidad de vivir nuestra vida de Renuncia; sin embargo, hay que luchar con la naturaleza humana. Si bien la aspiración es divina, la naturaleza oscurece hasta el ideal más puro, el sol más brillante y uno decae oscurecido un poco por las pasiones corrientes. Cuando hablamos de pasiones no queremos decir las malas, sino un cambio de edad, de costumbres. Es porque no tenemos todavía el don de estabilidad Divina y es por eso que es necesario escribir las normas. Por eso las almas tienen normas escritas en su Sendero, porque esas normas son como un punto de apoyo, un recuerdo. No es que tengamos que abrir el Reglamento para saber como comportarnos. Aún si éste desapareciera no dejaríamos de vivir así pero al oscurecerse la luz integral del alma, abrimos el Reglamento para renovar el fervor.
Para las almas vocacionales no existe la Enseñanza escrita porque la Divina Madre habla a su corazón: es la quintaesencia de la Revelación de Dios, de todos los caminos místicos, el signo sagrado de nuestra raza: la Cruz sobre el Círculo.
Recién cuando el discípulo está preparado es cuando esta voz habla a su oído y le enseña la idea fundamental de la raza: cruzar el puente de la razón y desarrollar la intuición divina. La Madre Divina le dice al alma: Ese puente es tu esfuerzo, tu ascesis, Yo estaré a tu lado, cuando le hayas cruzado, yo desapareceré y tú también desaparecerás y seremos Uno.
Ese es el signo de nuestra raza. Hemos de conquistar la razón para volver a ser lo que éramos. Si hemos caído es para volver a levantarnos con nuestros propios medios y conocernos a nosotros mismos.
El Reglamento es la esencia de nuestra vida espiritual. Renunciar quiere decir despertar, y para despertar necesitamos del esfuerzo, de normas de vida tal como nos la da nuestro Reglamento para cruzar el puente que nos lleve a la intuición.
Precisamos un Reglamento escrito para que nos despierte cada vez que el sueño racional nos arrastra a nuestra tumba de hombres. El Reglamento no permite que nos detengamos, nos hace contemplar lo ilusorio de lo que hemos dejado. Ese puente que hemos de cruzar está lleno de cadáveres, pero el Reglamento nos empuja. Como la flaqueza humana tiende a amortiguar la ley escrita en el alma, el Reglamento que está escrito en nuestro corazón, que es la expresión de nuestra alma, se escribe para los hombres.
Pero aún así olvida el hombre esa ley, pasa por épocas de grandes oscuridades, y entonces los Superiores recuerdan al alma la ley escrita: nos reprenden, nos siguen los pasos, nos recomiendan la observancia.
El Reglamento necesita estar escrito hasta que llega el día en que ya brota espontáneamente del alma por la gracia santificante que mora en el alma. Es la expresión de nuestras obras. Entonces no somos ya del montón, un alma que siempre necesita un látigo que la despierte. Hemos ganado la vigilia verdadera del espíritu y estamos por llegar a la otra orilla de la Eternidad.
Enseñanza 19: Los Bienes de Cafh serán Intrínsecos (11/08/1956)
Cafh está destinada a cumplir una misión providencial, social, en el mundo, según las palabras de nuestro Reglamento.
La Madre nos quiere dar así la solución al problema y los males del mundo.
Nuestra era ha producido una gran civilización; el hombre con su esfuerzo ha alcanzado grandes progresos, comodidades, pero todo ha costado mucho y tiene el hombre que recurrir siempre a espantosas matanzas y grandes guerras. Los bienes materiales alcanzados se mantienen y conservan con el dolor y el sacrificio.
Por eso el hombre necesita tener un sentido nuevo de lo que es la posesión, de lo que es y lo que no es, y esta solución la hallará en los bienes reales del alma, intrínsecos y no extrínsecos.
Los bienes espirituales son los bienes intrínsecos. Los bienes intrínsecos no son dones, ni posesiones anímicas, ni morales, mentales o sentimentales.
El bien anímico y el espiritual no es el mismo; hay una diferencia fundamental entre ellos.
Veamos; quien lo deja todo, renuncia a su familia, comodidades, etc., es heroico y realiza un acto extraordinario; todo lo hace o cree hacerlo por amor a la Divina Madre. Pero quizás después desarrolle en su interior una posesión, una adhesión psíquica (adquiere para sí bienes anímicos): ayudar a la Humanidad, la oración, alcanzar la suprema liberación.
En un libro escrito por un médico famoso que fue a la India, éste relata que visitó a un gran ser y conversando los dos al atardecer, le dijo alguien a ese sabio: “Es tanta la paz y el sosiego que experimento aquí, que no deseo la liberación”. A lo que el sabio le dijo: “Ésa es la liberación”.
En la vida de renuncia puede ser que uno desee la liberación, pero el deseo no es liberación. Es querer poseer algo para sí y aunque sea un bien anímico es una posesión.
La oración por ejemplo, es algo que viene a nosotros porque nuestra vida nos predispone: el horario, la observancia, la psicotécnica que se realiza a través de los métodos.
Acumulamos energía, como el Chiquito que cuando se lo desata salta y corre. Nosotros al adquirir la fortaleza conseguimos lo que deseamos, ésa es una ley infalible y natural, adquirimos un poder y creemos que tenemos algo moral, un don de fuerza.
Tenemos también el don de sensibilidad.
Nuestra vida nos da este don; lo adquirimos a través de la gota de sangre diaria que se vuelca en nuestro corazón como un licor místico. Como no podemos escapar, todo lo volcamos allí.
Adquirimos una expansión de emociones tan grande que nadie puede imaginarla. Las arideces nos dan luego una mayor capacidad en el corazón. Todo lo tenemos encerrado y ese amor se expande en la medida que se contrae y se transforma en el misionero que atrae a las almas. Una palabra, un hecho cualquiera expande nuestra sensibilidad.
Pero si nos damos cuenta de esta capacidad nuestra, podemos llegar a creer que poseemos algo.
En el aspecto de las cosas mentales adquirimos verdaderos dones, pero como es muy difícil usar el intelecto sin caer bajo el yugo de la razón, cuanto menos sabemos, mejor para nosotros. Hay que pagar un tributo por lo que se sabe; el alma se hace esclava de lo que sabe y cuesta desprenderse de esto.
Si dejamos de saber, empezamos a ver bajo el foco de la mente superior y sabemos sin saber, iluminados por esa luz.
Al entrar al Seminario nos dicen que dejemos todo lo que hemos aprendido para así perder la tiranía de la razón. Al romper la cadena queda la esencia divina que transmuta todo en un poder superior. Dejamos de ser maestros, doctores, etc.; perdemos así un conocimiento limitado y alcanzamos un conocimiento universal. Rompemos un hilo y nos es dado uno más fuerte.
La razón pasa a ser nuestra servidora; hacemos trabajos manuales y los aprendemos rápidamente. Pero el peligro está en pensar que tenemos un poder al dominar a la razón, que podemos manejar el mundo, amar a todos: es una verdad negativa que nos encasilla y nos aplasta.
Ejemplo de la nación que junta trigo y lo guarda. Cuando no hay lo vende a un precio elevado, pero viene un año bueno para otros y para mantener el precio elevado arma una guerra, daña a los demás para que no puedan sembrar y tengan que comprarle a ella.
A la Iglesia le sucede lo mismo: el bien posesivo los aplasta. Si el bien no es posesivo no se guarda nada. El perro come hasta hartarse, pero luego cuando está satisfecho no dice nada si otro perro come de lo suyo. El hombre guarda en el aparador y prefiere que se pudra antes de darlo (Caso del café en el Brasil y de la United Fruit Company).
El bien moral, la oración, es lo mismo; pedimos por los que nos interesan y a los demás que los parta un rayo.
Cristo llamaba a todos para que se acercaran, pero la Iglesia acerca a los que le son adictos, les promete el cielo y a los otros los manda al infierno.
Nosotros hemos de pedir por los que conocemos, pero lo demás ha de expandirse, como se expande el rayo de sol que no pregunta a quien calienta.
El cántaro lo hemos de poner para que todos beban agua.
Si lo hacemos posesivamente, la oración no sólo nos encierra a nosotros, sino a los mismos que amamos. Si amamos a Cafh únicamente, creamos otra religión, otro círculo. Hemos de llegar a quienes no conocemos porque nuestro amor es de la Divina Madre. Amar a los que no nos aman, sentir por todos y si alguien está enfermo o se vuelca un ómnibus, no podemos pensar en los nuestros solamente, sino en todos.
La Enseñanza tampoco ha de ser guardada. Es una mala interpretación del silencio. Hemos de hablar, dar de acuerdo a la comprensión de los otros, a su alcance. Ponernos en el lugar del comerciante. Le hacemos un mal si le damos la Enseñanza del papel con sus detalles y nomenclaturas. Es falsa caridad.
La enseñanza posesiva es la que se guarda y no se da. Si se guarda no es nuestra: es nuestra por amor de expansión. Hemos de darla hasta a los más escépticos, eso es sabiduría; es el Bien Intrínseco.
El Bien Espiritual es negativo. El único Bien Espiritual es la paz, la simplicidad, la desaparición de los compuestos: principios intelectuales, psíquicos, etc.
El Único y Verdadero Bien es el del Espíritu.
Enseñanza 20: Un Programa Social de Renunciamiento (15/09/1956)
Nuestro Reglamento, al decir que debemos ser obedientes a las leyes del país donde habitamos y respetuosos de las leyes del mismo, nos da todo un programa social de renunciamiento.
El Hijo que ha renunciado ha de dejar de pensar y de sentir, para ser. La Renuncia nos hace morir a la vida exterior, al modo de pensar, de sentir, de obrar, para que seamos, sólo después de haber muerto así, seres. Lo importante es ser, es la realización espiritual, pero esta realización espiritual, esta contemplación y acción de nuestra vida de renuncia sería vana e inútil si estuviera dedicada únicamente a nuestro perfeccionamiento interior y además, este perfeccionamiento interior se efectúa de adentro hacia afuera. Quiere decir que el alma que verdaderamente progresa, tiene como base fundamental desde la iniciación del camino, el sentir que no puede haber perfección para ella si esta perfección no se comunica a toda la Humanidad.
El Hijo que ha hecho voto de Renuncia tiene por misión trascendental, a pesar de apartarse del mundo, el que sus resultados directos lleguen a las almas como resultados sociales.
Ahora bien: ¿cómo se puede combinar esta fuerza que llega al mundo con esos dos conceptos de nuestro Reglamento de que hemos de obedecer la ley, respetar los ideales ajenos? Da la impresión de que si somos almas que queremos llevar la liberación tenemos que hacer una revolución cambiando las leyes, religiones y creencias. Esto da la impresión de una rebeldía frente a los valores establecidos; es natural que si vivimos la vida de renuncia queremos llevar una perfección interior a las almas cambiando el mundo. Todo parece contrario a las palabras de nuestro Reglamento, pero no es así.
Ésta es la cuestión: la ley exterior de los hombres y gobiernos del mundo es externa, por lo tanto es imperfecta y con el tiempo tendrá que ser suplantada por la ley universal y única, interior y anímica.
Al obedecer llevamos sobre nuestros hombros la cruz de los hombres, cruz tan pesada porque es exterior. Esas leyes no llevan al hombre más que a la destrucción. Hay una temporada de paz, pero es aparente. Los seres del mundo cuando hablan demuestran horror por la guerra, dicen que no tendría que existir. Antes de la segunda Gran Guerra mundial uno hablaba con Hijos de Cafh que sentían horror a la guerra ¿Qué pasó? Vino un descontento colectivo, probablemente por la influencia del espíritu, ya que si emanamos fuerzas espirituales esto trae una disconformidad colectiva en todos, pero como no están educados en el Sendero espiritual, entonces en lugar de sentirse descontentos de sí mismos y que eso los induzca a la renuncia, a la posesión interior que es la única verdadera, como no son capaces de esto, vuelcan el descontento hacia afuera y lo comunican al mundo. Por eso los que están descontentos se vuelven belicosos.
Algunos han sentido horror porque se castigaba a un animal, no comprenden ciertos hábitos nuestros de América; pero cuando empezó la psicosis de la guerra, razonaban muy diferentemente: querían matar porque era justo.
Han olvidado las palabras de Cristo: “Si tu enemigo te golpea tienes que dar la otra mejilla”. Pero el pueblo quiere tener sus derechos y por eso los pueblos se atacan entre sí.
Todas las leyes llevan a eso, pero tenemos que dar un remedio radical que no es ir contra la ley externa. Cuando el hombre reconoce que su energía tiene que expandirse de adentro hacia afuera, todas las leyes pierden su valor. No nos puede importar si gobierna Pablo o Francisco, pero sabemos que lo que los ha puesto allí son nuestras acciones. Puede ser bueno o malo, todo es resultado de nuestras acciones.
La ley verdadera es la ley interior. Por eso nuestro Reglamento no contradice la ley espiritual, porque si somos respetuosos con las leyes de un país pero somos interiormente lo que tenemos que ser, el mundo se transformará.
Y sólo la renuncia lo transformará.
Uno se pregunta si esto es mucho decir. No. Todas las religiones lo han proclamado. Pero atendamos bien las palabras del Reglamento. Dice “respetuosos”, pero no adherirnos a la ley.
La religión y la renuncia son contrarias. La religión es la vestidura de la renuncia espiritual. Las religiones nos indican que allí hubo una llama que dio vida a un ser, imagen. Pero cuando decimos “respetuosos” no quiere decir que hemos de adherirnos a ella. Todas las religiones se han basado sobre la renuncia, sobre la realidad interior y espiritual, sus fundadores eran verdaderos enviados de Dios; sin embargo, ellos no han dado una reglamentación exterior, no fundaron la religión. Todo se basa en esto: “Me refugio en el Buda, en el método, dharma, sank”; esto quiere decir que uno realiza espiritualmente a través de la Enseñanza de los Maestros. Dharma es método, no religión. “Me adhiero al sanga, baso mi vida espiritual en una renuncia total”. Los que vienen después hacen de esto una religión, pero no el Buda. Él calla, no revela los misterios del más allá; se limita a explicar como liberar el alma en esta vida y siempre es a través de la Renuncia. Buda dice que todo es dolor y sufrimiento, que sólo abandonándose a Dios se vence el dolor. Lo mismo sucede con el cristianismo.
La Religión Cristiana es una poderosa armazón. Los pueblos cristianos han hecho la guerra más destructora del Universo. Si uno piensa un poco, pregunta ¿Tiene sentido esto con el Sermón de la Montaña? Allí Cristo dijo: “Aquél que pierde gana; bienaventurados los que piden, los pobres”. La palabra de Cristo se basa en el renunciamiento: “Toma tu cruz y sígueme; quien quiere venir en pos de mí, deje a su padre, a su madre”. Tiene que luchar contra los valores afectivos, basarse en la Renuncia. Nosotros, Cafh, no hacemos nada más que afirmar lo que dijeron todos los grandes Maestros, pero sus palabras fueron desvirtuadas con las explicaciones teológicas y religiosas.
Nuestra obediencia y respeto no son más que medios de comprensión, porque si una comunidad nos dice que su camino es bueno o si votamos por un Presidente, no por eso lo vamos a seguir. Para nosotros no tiene valor, el valor fundamental está en la ley única, interior, y si nosotros practicamos nuestro voto de Renuncia ya hemos ganado una parte de la gran batalla para la salvación del mundo. Si esa renuncia se hace efectiva a través del dolor, será fruto de salvación para las almas, a ellas se adherirán muchas otras almas; la salvación no vendrá si uno condesciende o desprecia una ley, sino con la Renuncia; si se abandona todo lo exterior y posesivo; volcarse en el interior muriendo a lo aparente, que se contradice y cambia, que choca, se acerca y se aleja. Nuestra ley está en el interior. Hay que demostrarle al ser humano que es esencial para él: embellecer y salvar su alma; quien pierde su alma, lo ha perdido todo.
Nuestra ley se tiene que asentar sobre la Renuncia que se expande hacia los seres. Así el respeto hacia las leyes y religiones se transforma en un método y esfuerzo que en lugar de llevarnos al descontento y la rebeldía, nos hace comprender que las leyes externas cambian continuamente.
La que no cambia es la Renuncia, es una verdad espiritual.
Parece mentira que aquéllos que uno cree que son espirituales se dejan arrastrar por el descontento, injusticia y justicia del mundo.
La Renuncia al hacernos muertos al mundo nos segrega de esa colectividad, nos saca fuera de esa psicosis colectiva; nos da la paz y comprensión de que ese mal puede ser alejado en el futuro a través del verdadero desprendimiento de las cosas externas, no de pensamiento y especulación, sino que ha de ser real e integral.
Enseñanza 21: Las Virtudes Interiores (22/09/1956)
Siempre hemos de tener bien presente que todas las virtudes son esencialmente interiores y que todo lo que ayuda a la virtud exteriormente no es la virtud, sino un método para adquirir una virtud determinada.
El alma que busca a Dios tiene que estar siempre muy atenta para no caer en el equívoco de confundir lo exterior con lo interior, sobretodo cuando se trata de virtudes, de confundir la virtud sólida y verdadera, con los actos exteriores que ayudan y fomentan esa virtud en el interior, pero no son la virtud en sí.
La virtud interior es la que vale, es la única verdadera. Pero si uno sigue el consejo de los virtuosos del mundo nunca llegaría a nada, porque ellos dicen: lo importante es ser bueno interiormente. Pero a pesar de decir esto uno ve que los métodos, la vida del que dice eso son tan contrarios a la virtud verdadera, que bien a las claras se ve que la virtud en el mundo no es más que una teoría racional.
El Hijo sabe que el método que ha de practicar exteriormente se lo da la Enseñanza. En la obrita El Niño Celeste uno ve que el ángel que ha perdido sus alas no puede volver a volar si no tiene alguien que le enseñe. Así también la virtud que puede ser adquirida por el solo hecho de desearla y amarla, es necesario un método exterior para poder alcanzarla. El peligro está en confundir la virtud interior con el método exterior que uno practica. El método no es la virtud. El método nos da un hábito de virtud exterior, pero si esa virtud no se la adquiere en el interior, esa virtud, esa vida exterior es contraria a la verdadera virtud espiritual.
Eso sería una estafa contra Dios, porque estaríamos demostrando en el exterior algo que no poseemos en el interior.
La virtud perfecta es la que mora interiormente, pero que también se demuestra en el exterior. Una virtud que no se demuestra en el exterior es muy posible que tampoco exista en el interior, pero la virtud exterior que no se posee en el interior es un hábito nocivo y terrible para el alma.
Esta vida nuestra que está hecha de métodos para adquirir virtudes tiene que ser un reflejo de la vida interior del alma, del corazón. Nuestro exterior tiene que ser un espejo fiel de cómo procedemos interiormente.
Siempre existe el peligro de que el alma caiga en el hábito exterior con daño de la virtud interior.
La Observancia es la miel de la vida de Comunidad, es el néctar del alma que aspira a la perfección. Amoldándose el alma a la Observancia, conoce la felicidad más perfecta, posible de adquirir, porque quien cumple con fidelidad y amor la Observancia sabe que esa es su mejor medida de la virtud interior y espiritual.
La verdadera Observancia es el espíritu de la Observancia, de perfección de Observancia. Correr al toque de la campana es hermoso, guardar el silencio, hablar al iniciar el recreo, comer como está indicado, como se nos enseña, pero cumplir con fidelidad y puntualidad no es poseer ni adquirir la virtud de la Observancia, porque Observancia, espíritu de Observancia es ver cómo procede uno interiormente con ella.
Por ejemplo: Observancia es estar contentos y alegres en el recreo; pero hay quien sabe entretener con amor a sus compañeros; a veces se cae en el defecto de entretenerse uno mismo. Por ejemplo: si hablo de lo que me interesa y mi compañero quiere hablar de otra cosa y sigo hablando de lo mío. Allí se falta a la virtud. Como lo que me ponen delante porque es la Divina Madre quien me lo ha preparado y por eso me es agradable; pero si pongo un énfasis muy especial en comer lo que está presente es la gula y no la Observancia.
Eso se ve enseguida; si algo gusta más, si me fijo si el plato es más o menos abundante no como por amor a la Divina Madre; ha quedado un resabio de gula. A veces en la conversación se ve una alusión a la comida: allí se ve el espíritu con que se ha comido; por el gesto o la alusión se ve que no tiene la virtud de la mortificación.
Ejemplo de la modestia de los ojos: Por los ojos se ve el estado del alma. Si hay modestia de los ojos es porque se ha vencido la curiosidad, es porque uno se mira en el interior. A veces cuando el Superior está cerca del Hijo éste guarda mucho la modestia, pero cuando está lejos echa una mirada y lo ve todo.
El trabajo manual para nosotros es como la oración, es parte integral de muestra Observancia. El Ordenado tiene pocas horas de trabajo manual, asuetos, festivos que se descuentan, ¿por qué? Porque se supone que rinde el cien por cien, vale por diez, veinte y cien.
Pero también algunos Hijos practican la virtud del trabajo con las manos pero no ponen el pensamiento, amor, esencia y virtud.
¿Acaso el trabajo rinde porque uno trabaja pesado? Para mover una piedra, ¿vale más la fuerza o la maña? No, el trabajo tiene que ser acompañado con el amor, la voluntad, hay que poner la virtud interior. No basta hacerlo porque lo mandan; hay que acompañarlo con la luz interior; sino es estéril.
Los actos exteriores no son más que incentivos para la virtud interior, sobretodo cuando se trata de los Votos que son la esencia de la Observancia.
La mayor parte del día el Hijo calla y su silencio es la voz con que le habla a su Divina Madre; pero ¿qué valor tiene este silencio si en un minuto que habla ofende a un compañero o se siente herido por una observación? Es como el que junta en un tarro la miel preciosa y luego se la come de golpe sin gustarla.
Podemos tener fidelidad a la Madre y esta virtud nos da la grandeza de los ángeles del cielo, pero ¿de qué nos vale si no hacemos lo que tenemos que hacer y nos guardamos siempre algo? Cuando uno va a dar la última gotita, la guarda.
Tenemos una gran fidelidad, pero el corazón reprocha cuando a uno lo ofenden, juzgamos a los Superiores si creemos que no proceden con justicia. Así nos quedamos con la personalidad.
Puede ser grande la obediencia, pero a veces tiene sus oscuridades. Si hay algo que nos desagrada y el Superior se olvida de decírnoslo, callamos. ¿Por qué no se interpretan las palabras no dichas del Superior? Uno se atiene estrictamente a lo dicho.
Es que la verdadera virtud está en el interior, lo exterior no es más que el método que conduce a ella.
Ya que hemos consagrado nuestra vida para la búsqueda de las virtudes para poder encontrar a la Divina Madre, no podemos cambiar nada: la Observancia es interior, la modestia es la ausencia de todo lo que no quiero saber porque no me corresponde; el espíritu de sacrificio es no dejar que se trasluzca lo que me gusta o no, el trabajo que me gusta o no; amar las órdenes y no soportarlas, buscándolas y transformándolas en el bien de nuestra vida. A la Divina Madre no se la encuentra con la dulzura, sino con el dolor del reproche que hace sufrir más, estar con el pobre y necesitado, padecer y ser despreciado. Estar con el que lleva la peor parte, participar de su vida y dolor. ¿Cómo se puede hacer esto si no es con la adhesión al dolor, resistencia, ofrenda? Esas son las virtudes de las almas consagradas.
Ésta es la vida que da envidia a los ángeles, vida admirable que es señal de que la salvación de los hombres está en el espíritu. Éste es el método que conduce a la Divina Madre, pero tiene que ser un reflejo de la virtud que existe en el alma, en el corazón; es la esencia de la luz que se lleva dentro del corazón y será recién entonces perfecta porque no estará ni adentro ni afuera, sino que vivirá en el corazón y se derramará a nuestro alrededor sobre los que nos rodean: Humanidad, Cafh, Comunidad.
Enseñanza 22: La Dirección Espiritual Entendida por el Caballero Gran Maestre (6/10/1956)
Este es para nosotros un tema de común interés porque casi todos los Hijos somos dirigidos por Él. Aquí nos explicó los conceptos que Él tiene de la dirección de almas y cuáles son sus modalidades particulares para que participemos, comprendamos su idea y nos identifiquemos con ella. Todo esto es particular y nada tiene que ver con el modo de dirigir de otros Directores que llevan a los Hijos hacia el estado de perfección; tampoco quiere cambiar o contradecir las directivas dadas por el Reglamento y la Interpretación. No. Cada Director Espiritual tiene su modalidad.
Si uno se pone en el punto de un Superior el único camino es el que indica el Reglamento y la Interpretación. La modalidad del Caballero Gran Maestre no es una contradicción ni una critica hacia nada, es simplemente su modalidad “porque -dijo- los seres humanos somos como las flores: cada flor tiene su tipo, su perfume, su tiempo para florecer, y lo peor sería creer que uno ha de seguir un camino unilateral. Eso es imposible”.
Cuando un alma se entrega a un Director Espiritual no es ésta una elección hecha por ella ni por los hombres; es algo misterioso y divino, desconocido para el hombre.
La ley de la unión de las almas no puede explicarse racionalmente, no puede ser definida por lo que “yo pienso o tú piensas”, viene de Dios.
El Caballero Gran Maestre también piensa que cuando le es dada un alma para dirigir es porque ella ha estado unida a él desde otros tiempos. Él no sabe de dónde, cuándo ni cómo, pero no puede imaginarse que a un alma se la pueda dirigir en un solo día. Viene de antes, desde la lejanía del tiempo.
Claro que ésta es una opinión personal porque la dirección es algo de Dios: se parece al amor que brota cuando quiere.
“Cuando yo recibo para mi dirección a un alma, esa alma es mía y yo soy suyo”. No es ésta una relación de dependencia sino de unión, estrictamente; si hubiera dependencia no podría ser él su director. El amor es el único que da la unión espiritual, no hay dependencia entre ellos. Esta comprensión es fundamental. Esto quiere decir: “Yo comprendo a esa alma y ella me comprende, y lo que ella recibe de mí será la única norma ideal que ella necesita para alcanzar la perfección”.
Opinión del Caballero Gran Maestre: La Dirección Espiritual empieza en la Eternidad y termina en la Eternidad. Es la Unión.
Por eso aunque el alma se fuera al último rincón de la tierra eso no quiere decir que termina su dirección. No puede haber algo que sea y no sea al mismo tiempo. Cuando se ha amado no se puede dejar de amar. El alma pertenece a su Director hasta que alcance la perfección. Es el único bien y finalidad hacia lo cual se puede aspirar.
El Director Espiritual y el Superior son dos cosas distintas. Lo que el Superior le dice y enseña es magnífico y extraordinario. Pero si el Director Espiritual tiene un alma, la dirige durante todas las horas: “Yo tengo que estar contigo, te pertenezco en espíritu”.
El alma no puede tener velos para él, no son estos velos de palabras, sino los velos de la voz del corazón, tiene que haber sinceridad interior.
El Director continuamente le enseña a su alma, le da su ense&nti |